Olfato, guardianes y 4-4-2: el ciclista Scaloni se lanza a la carrera de su vida

Scaloni logró empatía con los jugadores de la selección, más allá de los señalamientos por la falta de experiencia
Scaloni logró empatía con los jugadores de la selección, más allá de los señalamientos por la falta de experiencia Crédito: Fabián Marelli
Andrés Eliceche
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14 de junio de 2019  • 07:35

SALVADOR DE BAHÍA.- Un muchacho vestido de jogging y remera azules y que lleva una mochila sale de un ascensor, camina entre la gente por el lobby de un hotel y se acerca a la recepción para hacer una pregunta. Le despejan la duda y vuelve a pasar por el medio de un grupo de personas que no se da vuelta para mirarlo, eso que suele ocurrir cuando cruza un famoso. Él se sentirá cómodo: a Lionel Scaloni le gusta vivir así, como uno más, aunque a esta hora y en este lugar sea el entrenador de la selección argentina de fútbol y esté a punto de iniciarse el incierto camino de la Copa América.

El ciclista que también es vuelve a tomar el ascensor, ya sin rastros en la cara de aquel golpe que se dio al rodar en Mallorca en abril, que le dejó un susto grande y un hematoma que tardó más de un mes en borrarse definitivamente. El protocolo, pero sobre todo las obligaciones, le impiden subirse a una bicicleta y desandar las subidas y bajadas que esta ciudad ofrece en toda su superficie. Pero bien que le gustaría para descargar la ansiedad del debut: tampoco en este hotel se corre de su rutina de dormir no más que cinco horas cada noche.

Scaloni se siente respaldado por los jugadores. Los nueve partidos en nueve meses, pero sobre todo el tiempo compartido con ellos en cada concentración, fue forjando una relación de cuidada proximidad: ellos lo ven como lo que es, alguien generacionalmente cercano, un buen elemento para hacer empatía. Él no pisa más allá de lo que cree recomendable: ningún integrante del cuerpo técnico tiene su habitación en el piso donde duermen los jugadores. "Lo escuchan, eh. Hay que ver cómo los grandes están atentos a lo que dice en las charlas antes de que empiece cada entrenamiento", deslizan desde el corazón de la delegación de 64 personas (entre plantel, cuerpo técnico y médico, asistentes y dirigentes) que la AFA trajo a Brasil.

Scaloni habla, el plantel escucha. Un momento del entrenamiento en el estadio de Vitoria.
Scaloni habla, el plantel escucha. Un momento del entrenamiento en el estadio de Vitoria. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Él sabe que hay una batalla que no tiene sentido dar: la de enfrentar los señalamientos por su falta de experiencia. Hace un año exactamente, era uno más en el staff de Jorge Sampaoli en la antesala del debut de la selección en el Mundial de Rusia. Aquel fue su segundo trabajo como integrante de un cuerpo técnico de un plantel profesional -el primero había sido acompañando a Sampaoli en Sevilla como analista de videos-, y duró un año. Después de la debacle aceptó el ofrecimiento de Claudio Tapia y se estrenó como DT principal, en un salto que ni él soñaba. Ahora, a los 41 años, es el entrenador más joven de la Copa América. Y cuando la Argentina enfrente a Colombia este sábado, se convertirá en el segundo técnico en la historia de la selección mayor en debutar en un torneo oficial sin haberlo hecho antes en un club. Del que ostenta ese récord lo separa un abismo: es José Pekerman, que tomó al equipo en 2004 con su extraordinaria trayectoria en juveniles como carta de presentación. No necesita que le digan lo obvio: su cargo está en observación, y cómo se vaya la selección de Brasil determinará su futuro inmediato.

Este santafesino de Pujato que eligió Mallorca como su lugar en el mundo -allí viven su mujer y sus dos hijos y allí regresa él después de cada gira con la selección- eligió a Walter Samuel y Pablo Aimar primero y a Roberto Ayala después para rodearse. Una decisión astuta: si no hay experiencia, que haya sentido de pertenencia. Además de la histórica relación con la selección de sus tres laderos, ellos trabajan aspectos prácticos. Samuel y Ayala son quienes respaldan la voz de Scaloni en los ejercicios de defensa en los entrenamientos, y Aimar -el primer ídolo de Messi- interviene en los movimientos ofensivos. Y los tres, también, acuerdan con el jefe en que no hay mejor cosa que mantener un bajo perfil en todo momento.

Los jugadores celebran tras un mini partido en la práctica. Los jóvenes, la gran apuesta de Scaloni.
Los jugadores celebran tras un mini partido en la práctica. Los jóvenes, la gran apuesta de Scaloni. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

El debut asoma exigente: Colombia tiene jugadores probados y un juego aéreo que preocupa a Scaloni. Cree que en ese aspecto la selección tendrá sus mayores problemas en el Arena Fon te Nova. Machaca con ejercicios para contrarrestare se ítem, sobre todo en lo que considera más importante: mantener la concentración para no perder las marcas en las jugadas de pelota parada. Sin demasiados jugadores altos, la atención será decisiva. En su libreta, el esquema táctico no es primordial, aunque con Messi y Agüero en la cancha siempre elegirá un 4-4-2. Incluso si jugara, Matías Suárez deberá acompañar a los volantes desde la izquierda. Aunque lo lógico es que esa posición sea para alguien que no tiene minutos en el ciclo: Ángel Di María, el que completa el tridente de los que más tiempo llevan en la selección.

El propio Messi encabeza una idea de la que Scaloni está convencido: para ganar la Copa hay que cerrar el arco. El entrenador repite que más que goleadores, los campeones suelen ser aquellos que reciben menos tantos. ¿Le dará esa convicción un perfil defensivo al equipo? No. Pero sí corto y veloz. El DT no imagina triunfos holgados en la Copa. En todo caso confía en el hambre que olfatea en un plantel con algunos veteranos que acumularon segundos puestos y la mayoritaria nueva generación. "Que el hincha sueñe, vamos a dejar la vida", se animó Rodrigo de Paul ante los micrófonos. Scaloni no necesita escucharlo para firmar al pie.

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