El color de la victoria, con una alta tensión

"El que no salta es uruguayo mordedor", fue el cántico colombiano, en referencia a Suárez; hubo 4000 efectivos, 900 más que lo habitual
Alberto Armendáriz
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29 de junio de 2014  

RÍO DE JANEIRO.– Con caretas de Luis Suárez, el delantero de Uruguay suspendido del Mundial por haber mordido al italiano Giorgio Chiellini, los hinchas uruguayos ingresaron en el Maracaná ayer por la tarde con aires desafiantes y gritando "Llegamos a casa", en referencia a la histórica victoria que lograron contra Brasil en la Copa de 1950 en aquel mismo estadio recién inaugurado. Al caer la noche, abandonaron la arena con caras largas en medio de una festiva multitud de colombianos que no paraba de celebrar su "Maracanazo caribeño" por 2 a 0.

Debido a la polémica medida disciplinaria contra Suárez y a la tradición de festejos violentos de los colombianos, las autoridades de Río de Janeiro habían ordenado un nutrido refuerzo en la seguridad alrededor del estadio. Unos 900 agentes extras se sumaron al dispositivo regular y en total había 4000 policías militares en la zona.

Al final, sólo hubo que lamentar pequeños incidentes entre los hinchas, tanto durante el partido, cuando varias personas fueron escoltadas afuera por peleas, como al finalizar el duelo, camino al metro. Pero la tensión entre ambos grupos fue evidente desde el inicio en las tribunas, donde charrúas que cantaban orgullosos "Soy celeste" fueron respondidos por una lluvia de vasos de cerveza.

"El que no salta es uruguayo mordedor", provocaban los colombianos, la mayoría vestidos con sus camisetas amarillas –que se mezclaban con las canarinhas de los brasileños, también "torciendo" por Colombia–, muchos con pelucas al estilo de Carlos Valderrama y con los típicos sombreros.

"Están muy babosos con los cánticos; esto puede terminar mal", advirtió el contador Diego Poziomek, de Montevideo, quien pese al primer gol de James Rodríguez mantenía la fe en su selección.

Ya con el segundo tanto de Rodríguez, la hinchada colombiana estalló en un "¡Eliminados! ¡Eliminados!" que puso los nervios de punta a los uruguayos. Y para colmo, los numerosos brasileños que estaban en el Maracaná se sumaron a los festejos e intercambiaban camisetas con los colombianos.

"No tienen identidad. Miralos poniéndose la camiseta colombiana en pleno Mundial. Nos tienen miedo, no quieren enfrentarse a Uruguay de nuevo y arriesgarse a perder la Copa otra vez en casa", apuntó Agustín Coronel, un administrador, también de la capital uruguaya.

A la salida, entre ruido de cornetas y música que se extendió hasta Copacabana, los colombianos continuaban con las bromas. "Protejan sus hombros", advertían cada vez que aparecía un uruguayo.

"Ahora nos tocará jugar contra Brasil y contra el árbitro que estará del lado de los locales", apuntó el ingeniero eléctrico Diego Muñoz, de Popayán, exultante después del partido. Y no le importó haber pagado 900 dólares por la entrada.

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