El derechazo que sacudió a Roma

Mañana se cumplen 40 años de una epopeya del boxeo argentino: el día en que Monzón noqueó a Benvenuti y ganó el título mundial mediano
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6 de noviembre de 2010  

El paso firme y ganador de Carlos Monzón sobre el ring anticipaba la gran ejecución. Casi 20.000 romanos acompañaron con su visión paralizada y con las gargantas secas el traspaso de un rincón al otro con el que el retador de Santa Fe acomodó a Nino Benvenuti, en su último acto como campeón mundial.

El Palazzo dello Sport de Roma tembló. Como si un eco histórico escapase del Coliseo en los tiempos de Julio Cesar y apareciera de golpe allí. Fue el momento de una maniobra perfecta e inmortal: el directo de izquierda que asegura y el cruzado de derecha que fusila.

El knock-out en el 12º round que consagró a Monzón campeón de los medianos ante el italiano Nino Benvenuti cumple mañana 40 años y adquiere, día tras día, una dimensión especial. Como sólo la alcanzan aquellas gestas deportivas que con el paso del tiempo se convierten en cuentos, fábulas o leyendas.

Monzón era mucho más que un flaco de sangre india emergido del barrio bravo La Flecha, de San Javier, Santa Fe. Era un boxeador formado y con experiencia. A los 28 años y con un récord de 67 victorias, tres derrotas, nueve empates y un match sin decisión, no atraía multitudes ni rompía taquillas en los estadios, pero sus victorias sobre los compatriotas Jorge Fernández, Antonio Aguilar y Andrés Selpa respaldaban una carrera que alcanzaba realce internacional por su empate con Bennie Briscoe y sus victorias sobre los norteamericanos Eddie Pace, Tom Bethea y Harold Richarson, en el Luna Park.

Monzón enfocó esta pelea crucial para su vida como el enfrentamiento contra "el hombre que quería robarle el pan de sus hijos". Y este enfoque histórico, representado por quien será junto con el mendocino Pascual Pérez el boxeador argentino más importante de todos los tiempos, se reflejó en el ring desde el campanazo inicial.

Benvenuti era veloz, elegante en el cuadrilatero, con un jab y cross de izquierda inquietantes. Monzón asumió los riegos y se hizo respetar. Rústico, pero con un impecable manejo de larga distancia, anuló al campeón italiano, que desapareció de escena a partir del 7º round.

Nino tenía 32 años por entonces. Era bicampeón mundial y tenía una campaña de 82 peleas ganadas, cuatro perdidas y un empate. A esas alturas, sus "spaghetti-western" junto con su compadre Giuliano Gemma lo motivaban más que su recordada serie de tres peleas con el notable estadounidense Emile Griffith, que le otorgaba la potestad en la categoría de los 72,574 kg.

Una inesperada derrota por knock-out frente a Tom Bethea, en marzo de ese año, encendió una luz amarilla y preocupante para Nino y vital para los intereses de Monzón. Amílcar Brusa, su maestro de toda la vida, que lo entrenaba bajo la tribuna del estadio de fútbol de Unión de Santa Fe, y Tito Lectoure, su promotor, aceleraron las gestiones para concretar el match. Benvenuti comenzaba a sufrir el boxeo, y Monzón a disfrutarlo. Eso los diferenció en este combate promovido por los italianos Rodolfo Sabbatini y Bruno Amaduzzi.

Monzón quebró de a poco al italiano. Aprovechó los golpes en los brazos y en el cuerpo ante el clinch constante que proponía Benvenuti y a modo de demolición lo proyectó hacia aquel inolvidable duodécimo round...

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