El desahogo de Racing llegó a costa del endeble Almagro

Después de doce partidos sin victorias, la Academia se impuso por 2 a 0, con goles de Bastía y Chatruc
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30 de octubre de 2000  

Qué olvidados parecían esos cantos de festejo en la popular de Racing al final de un partido... Qué archivado estaba ese agitar de pañuelos como despedida para la Academia... No hay mal que dure cien años, pensarían entonces en esa muy poblada tribuna -es una costumbre de los hinchas de Racing en la cancha de Ferro-, que por fin pudo cantar victoria después de mucho tiempo. No lo hacía, para más exactitud, desde el 8 de julio último -goleada a Unión por 6 a 0-, tras lo cual pasaron doce partidos, incluidos los once precedentes del Apertura, y poco menos de cuatro meses.

Tuvo que aparecer en el camino el desorientado Almagro para que otra vez hubiera festejo, una alegría que prefirió despojarse del análisis para no agrietarse. Es que el 2 a 0, que no admite discusión, se edificó a costa de un rival que no tiene cómo disimular su endeblez, que llegó con el impulso emocional que el sólo nombre de Diego Armando Maradona le inyectó y se fue sabiendo que necesitará bastante más que empujones anímicos para salir del pozo.

A Racing, que buscaba desde hace largo rato y sin éxito la fórmula para mostrarse superior en el juego a un rival, le bastó con ordenarse desde el medio campo hacia atrás y estar atento a los errores ajenos. Que no tardaron en aparecer y en reproducirse, claro.

Pronto se advirtió la escasa utilidad de la defensa de tres hombres y de la superpoblación del centro del terreno que propusieron José Luis Brown y Héctor Enrique, los técnicos debutantes de Almagro. No hay esquema que rinda si fallan sus ejecutores, y en el conjunto de José Ingenieros ese déficit es más que notorio.

Cuando sólo se habían jugado 13 minutos, Bastía tomó un mal pase rival en campo de Racing y se fue hacia adelante; corrió sin demasiada oposición, combinó con Moreno y transformó en gol, ya dentro del área, una excelente habilitación de Vega. A propósito del chileno: se nota que aún no está en línea y no siempre acertó, pero es digno de elogio su buen criterio y su hábito -algo olvidado en nuestras canchas- de jugar a un toque. Uno a cero, que pronto fue dos a cero, con un preciso cabezazo de Chatruc. Sin hacer gran cosa y en un contexto muy flojo, Racing ya había puesto en colapso a Almagro, que sólo en los intentos del voluntarioso Sinisterra y del intermitente Sparapani mostraba algo.

Una diferencia que podía suponerse presagio de goleada en manos de un equipo poderoso; no en las de Racing, que manifestó su ansiedad con la amonestación a Sessa por demorar el juego... a los 25 del primer tiempo. Pero para Almagro ya era demasiado, de todos modos. Y mucho más cuando se quedó con uno menos, tras la expulsión de González por una fuerte infracción sobre Vega.

Lo del segundo tiempo estuvo casi de más. Aun con superioridad numérica, Racing, que trata de ser prolijo y de asegurarse atrás como prioridad fundamental, dejó para mejor ocasión la ambición ofensiva. Y encima tuvo a un Milito peleado con la pelota y a un Moreno que vivió en off side y no pudo con su egoísmo. Pero, se sabe, cada paso que sirva para darle algo de oxígeno es más que bienvenido. Así lo entendieron esos miles de hinchas que gritaban y reían en la tribuna blanquiceleste, al final. Como no lo hacían desde hace tiempo.

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