El día y la noche

Brasil y Alemania vivieron su última práctica antes del match decisivo en forma opuesta, fieles a su idiosincracia
Brasil y Alemania vivieron su última práctica antes del match decisivo en forma opuesta, fieles a su idiosincracia
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29 de junio de 2002  • 09:23

Siempre vale la pena sonreír

YOKOHAMA, Japón (De nuestros enviados especiales).– La FIFA les tendió a los 32 planteles del Mundial una red de protección para que puedan efectuar en la intimidad sus pruebas de laboratorio de último momento, sin miradas indiscretas. El máximo organismo del fútbol impuso un lapso de sólo 15 minutos para que el periodismo observe el reconocimiento del campo en el día previo a los partidos. Después, se cierran las puertas, a prueba de espías.

Sin embargo, Brasil es distinto de todos: durante la Copa no jugó a las escondidas y abrió sus prácticas a cualquiera, más allá de que pudo haber recurrido a la reglamentación. Incluso, no tuvo problemas en exhibir sus movimientos en este último reconocimiento, en el estadio de Yokohama, a pocas horas de la finalísima con Alemania.

Los brasileños ocuparon el campo en el primer turno y el periodismo vio la rutina completa bajo un cielo gris. Hubo una entrada en calor, elongación y un loco recreativo. Después, lo mejor: un desafío futbolístico a un toque dirigido por el DT Scolari, que enfrentó al equipo de Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho (estos últimos como zagueros) ante el integrado por Roberto Carlos, Cafú y Denilson, entre otros.

Fue el tiempo en que estallaron las bromas, los gritos y las burlas; también, se formaron pilas humanas tras la conquista de un gol o por una equivocación.

Para el final, lo que sería más ocultable para quien no forma parte del grupo: la ejecución de tiros libres directos, a un toque y a dos por parte de Roberto Carlos, Ronaldo y Rivaldo.

En realidad, el plantel brasileño vive la Copa con total distensión y nunca le huyó al contacto con la gente. En cada ciudad en donde estuvo concentrada, la seleçao convivió con los turistas de los hoteles. En fotos se observó a Ronaldo, Rivaldo o Roberto Carlos en la piscina, charlando amistosamente con mujeres; la firma de autógrafos fue moneda corriente.

El propio Roberto Carlos reconoció que a sus compañeros y a él les gusta salir de su burbuja y vincularse con el mundo exterior durante el Mundial. En el último ensayo previo a 90 minutos decisivos, los jugadores respondieron a su idiosincrasia, porque así es Brasil: generoso en sonrisas, en diversión y en buenos modos.

Nada de bromear o relajarse

YOKOHAMA, Japón (De nuestros enviados especiales).– “Y... son alemanes”, diría con un dejo de resignación un observador del conjunto de Rudi Völler. Sí: son alemanes. Es decir: serios, metódicos, rutinarios, disciplinados, efectivos...

Todos estos calificativos describirían la actitud de los muchachos de la otra selección finalista, quienes efectuaron el reconocimiento del estadio de Yokohama en el segundo turno con total concentración, luego de que se acallaron los ecos de las risas brasileñas.

El contraste con el plantel de Scolari fue tremendo. En el día previo al partido decisivo, los jugadores teutones no dieron margen para las bromas; tal vez porque no les surgió, quizás porque la orden de compenetración absoluta con el trabajo partió del cuerpo técnico. Vaya uno a saber.

Lo cierto es que la gente de prensa de la delegación alemana ya había informado que sólo permitiría observar al periodismo del mundo los 15 minutos reglamentarios del último ensayo. Y así fue: cumplido el tiempo, se escuchó la voz del estadio por los altavoces: “Por favor, invitamos a los periodistas a retirarse”.

No voló una mosca en ese lapso abierto a la mirada ajena. Ni un murmullo durante la entrada en calor; tampoco en los trabajos físicos posteriores y en las prácticas con el balón. Sólo gestos circunspectos en los jugadores, que reflejaban que la procesión (¿y la preocupación?) va por dentro.

Y allí estaba Völler, el entrenador que soportó una andanada de críticas en su tierra, caminando con las manos atrás y supervisando los últimos ajustes de su equipo. A él tampoco se le adivinó una sonrisa.

Quizá, lo único que se asemejó con el entrenamiento de Brasil fue la rutina con los arqueros, ya que Oliver Kahn fue tan exigido por los colaboradores de Völler como lo había sido el brasileño Marcos, apenas una hora antes, por los hombres de Scolari.

Después se cerró el acceso y ya nadie pudo enterarse qué organizó el entrenador alemán con sus jugadores. No bien finalizó la práctica, la delegación regresó a su lugar de concentración y nadie atendió en la zona mixta. Los futbolistas sólo hablarán después de la final, más serios todavía o bastante más contentos.

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