El éxito llegó por sopresa

En medio de las criticas al director técnico y el descreimiento, el equipo rojo ingresó en la historia grande
En medio de las criticas al director técnico y el descreimiento, el equipo rojo ingresó en la historia grande
Daniel Arcucci
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22 de junio de 2002  • 11:50

OSAKA.– Nadie creía en Turquía. Ni siquiera los mismísimos compatriotas, que una y otra vez, casi sin piedad, castigaron al director técnico Senol Günes. El seleccionado turco acaba de dar el paso más importante de toda su historia: llegó a las semifinales de la Copa del Mundo. Alabanzas bien merecidas. Cada una y en todos los idiomas.

Fue un hecho sin precedente. La única participación turca en los mundiales había sido en Suiza 1954. En aquella Copa del Mundo, caracterizada por el festival de goles, el conjunto europeo no marcó la excepción, aunque quedó eliminado en la primera rueda. Formó parte del Grupo 2 y debutó con una derrota frente a Alemania –que sería el campeón– por 4 a 1. Después se encontró con la República de Corea y la arrasó: 7 a 0. Al final, jugó un desempate con los alemanes y sufrió otra vez: cayó por 7 a 2.

En Japón y Corea superó ampliamente el rendimiento de aquel primer paso junto con la elite futbolística. Aunque no reunía confianza y el descreimiento era generalizado. Un dato: muchos cronistas se volvieron a Estambul porque sólo tenían cubiertos los gastos para la primera rueda o, a lo sumo, para los octavos de final. Tampoco el equipo tuvo repercusión en las tribunas, donde sólo un grupito de 150 simpatizantes palpitó la clasificación.

Pero Turquía lo logró. Con un entrenador obstinado en sus ideas –demasiado especulativas para muchos– y despreocupado por los dichos externos. Günes se nutrió victoria tras victoria. Asimiló en silencio los feroces reproches y se envalentonó con el espaldarazo de los resultados.

“Me veo en la final”, aventuró tras la victoria sobre Japón, por los octavos de final. Y allá va... Después de todo, lo había advertido una vez sorteada la eliminatoria: “Encabezo una revolución en el fútbol”.

Turquía se coló entre los cuatro mejores. Con un plantel sin apellidos rutilantes, cuyo líder indiscutido es Hakan Sukur. Todo un referente dentro y fuera del terreno, aunque nunca haya alcanzado el pico futbolístico que los turcos esperaban, casi imploraban. Con las gambetas de Hasan Sas, “el Ortega del equipo”, según los medios locales.

La gloria será una tentación inevitable. Brasil se cruzará otra vez en su destino. Sí, el tetracampeón. El mismo que en la primera rueda se encontró en aprietos ante el imprevisto turco.

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