El golpe de su vida

César Costilla, ex caddie tucumano, ganó en la máxima cita localy concretó su gran sueño de chico; superó por uno a Pinto y Zapata
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14 de diciembre de 2009  

César Costilla revive la fábula del ex caddie tucumano que se formó entre potreros sembrados de ortigas, piedra y basura. De swings que levantan una nube de tierra cuando impactan pelotas renegridas, rescatadas de algún agujero del alambrado del Jockey Club de Tucumán. El Maestro De Vicenzo siempre dice que hay dos tipos de golfistas: los que juegan para bajar la panza y los que juegan para llenarla. Costilla, que lleva la humildad impregnada en su rostro, pertenece a este segundo grupo.

La tendencia de estos tiempos son amateurs devenidos en profesionales de laboratorio, en la que alzan la voz tanto el preparador físico como el psicólogo, tanto el manager como el sponsor. Al cabo, el jugador termina siendo un producto, repartido en porcentajes y que cotiza según su buen pulso. Costilla –el Sapo, según la S estampada en su cinturón de Superman– representa la resistencia, la formación más pura del golfista, un tipo de talento que ya está en extinción.

Parece que la fórmula todavía resulta, porque el tucumano se llevó uno de los Abiertos de la República más difíciles de la historia y en la cancha más larga (7275 yardas). Pero supo domar el viento de Nordelta y empleó un total de 282 golpes (-6) para adjudicarse el 104° Visa Open, que fue dejando en la banquina, uno a uno, a grandes como Andrés Romero (10°), Angel Cabrera (13°), Eduardo Romero (39°) y Ricardo González (59°).

"Cumplí el sueño de mis hijas, no tengo palabras", sólo atinaba a decir Costilla. El nudo en la garganta era porque la vida podía cambiarle a partir de ese instante. Su triunfo en la máxima cita nacional le traerá múltiples beneficios; sólo dependerá de él aprovechar las oportunidades. Ya vio pasar el tren muchas veces, con varios segundos y terceros puestos tras arrancar puntero el último día. Aunque esta vez sí capitalizó el domingo luego de tres jornadas inspiradas. Y ahora, por ser el campeón, se clasificó para el Puerto Rico Open (PGA Tour) y jugará tres certámenes del Nationwide Tour en Colombia, Panamá y México. "Voy a trabajar muchísimo para progresar", promete.

En los albores de la cuarta vuelta era imaginable una atropellada de Pigu Romero rumbo al título. Paradójicamente, el más experimentado sucumbió primero, con una actuación de pesadilla que concluyó con 81 golpes. Allá por el hoyo 10, lo único que deseaba Andrés era apretar un botón y teletransportarse a su lugar de descanso en Yerba Buena. Al norteamericano Scott Dunlap no le iba mucho mejor. Mientras, en silencio, empezaban a crecer Julio Zapata y Paulo Pinto. El rafaelino bajó los hoyos 10, 11 y 13 e igualó la punta en un total de -6 con Costilla, que venía de subir el par 5 del 13, en una ronda salpicada de altibajos y con dos caídas en el agua. Pese a su ingesta de té de tilo a lo largo de la semana, el tucumano estaba consumido por los nervios. "En el tee del 14 pensé que me ganaba Zapata", reconoció.

Maduraba el desenlace en medio de una multitud. Un birdie de 30 metros en el hoyo 18 colocaba al cordobés Pinto con un total de -5 en el tablero final. Había aroma de desempate, aunque sucedió lo impensado: Zapata cerró su recorrido de 69 con un bogey. A Costilla, entonces, le bastaba con hacer 4 en el 18 para alzar esa copa que le pedían Delfina y Martina, sus hijas. "Estaba al tanto del bogey de Zapata. Si él hubiera hecho par, no sé qué habría pasado en el playoff", contó el tucumano, que con un gran segundo tiro de 218 yardas, ejecutado con el hierro 3, se facilitó el par que necesitaba para su primer gran triunfo. Le temblaron las piernas, aunque embocó ese último putt de 40 centímetros y firmó un score de 74. "Ya el balance de mi año es bueno por el sólo hecho de haber ganado el Abierto", apuntó, mientras intentaba manejar una situación inusual para él: un arremolinamiento a su alrededor para recibir sus autógrafos, el brindis con una botella de champagne y la felicitación de dirigentes, empresarios, políticos y marshalls.

Cuando le pegaba a corchos de sidra con una rama de mora, el Sapo ya añoraba con este momento. Aquel caddie que vivía de fantasías de campeón, arropado sólo con su talento, disfruta hoy de su hora gloriosa. Ahora desanda su propio camino. Depende de él.

21.500 personas asistieron al 104° Visa Open a lo largo de los cuatro días de competencia.

6500 autos ingresaron en la cancha de Nordelta.

144 jugadores participaron del torneo; de ellos, 73 superaron el corte clasificatorio.

24 extranjeros compitieron en el certamen, que el año pasado había ganado el finlandés Antti Ahokas.

80 fueron los carritos eléctricos que se utilizaron para recorrer los 18 hoyos de la cancha.

26 sponsors apoyaron la realización del Abierto.

14.400 litros de agua se consumieron durante el certamen.

2400 pelotas se utilizaron en el driving range.

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