El largo y difícil camino que las condujo al éxito

Por Gabriela Padín Losada De la Redacción de LA NACION
Por Gabriela Padín Losada De la Redacción de LA NACION
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27 de agosto de 2001  

Transcurría 1990 y las chicas del seleccionado argentino se reunían en la cancha de Obras Sanitarias, la única de césped sintético del momento. Había terminado el último entrenamiento y el equipo estaba a punto de viajar para participar en la Copa del Mundo de Sydney. El tema de conversación era la falta de competencia internacional, y hasta se prestaban polleras para poder juntar el uniforme.

Un poco más de una década después, las chicas festejaron, ayer en Holanda, su primer título mundial, cimentado por un crecimiento deportivo muy importante y una estructura semiprofesional que avala su desempeño.

El hockey sobre césped tuvo un desarrollo asombroso. En 1993 el seleccionado junior sorprendió al conseguir el campeonato del mundo en Terrassa, España. Un año después, casi con la misma base, el seleccionado mayor obtuvo el subcampeonato mundial en Dublín y todos comenzaron a tomar en serio a este equipo, a una camada de grandes jugadoras. Karina Masotta, la estrella de ese conjunto, que además fue elegida la mejor del torneo, fue blanco de las charlas técnicas de los rivales.

La Argentina, todavía sin una gran estructura, jugaba con un esquema simple y por momentos demasiado defensivo. Pero el error de ese equipo fue pensar que esto podía durar. Le faltó la madurez para renovarse y llegaron los fracasos en el nivel internacional.

Un año después del subcampeonato mundial, la Argentina era goleada, de local, en el Champions Trophy de Mar del Plata y finalizaba en la última colocación. El estigma se repitió en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96.

Sin embargo, los grandes aprenden de los errores. En diciembre de 1996 Sergio Vigil reemplazó a Rodolfo Mendoza en la conducción técnica del equipo y comenzó a cosechar lo sembrado.

La Argentina tenía que demostrar que aquello no había sido casualidad. Se entrenaron durante todo 1997, aunque el primer compromiso internacional relevante era la Copa del Mundo del año siguiente. El tercer puesto obtenido por el junior, en Corea 97, marcó una tendencia. Pero el cuarto puesto de la Argentina en Utrecht 98 la consolidó.

La medalla plateda de Sydney 2000 fue otra bisagra en este proceso. Con ella llegaron el reconocimiento popular y, en algunos casos, económico. Hoy, las Leonas alcanzaron por primera vez el lugar más alto del podio. Se lo merecían.

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