El médico que montó a caballo por primera vez a los 36 años y ya jugó en Palermo a los 39

Iván Ladino es cirujano e incursionó en el polo casi por casualidad; tres años más tarde se dio el gusto de actuar en el mejor estadio del mundo.
Iván Ladino es cirujano e incursionó en el polo casi por casualidad; tres años más tarde se dio el gusto de actuar en el mejor estadio del mundo. Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo
Gonzalo Capozzolo
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6 de marzo de 2019  • 21:42

"Es increíble, un sueño cumplido". A Iván Ladino le cuesta caer en la cuenta de que acaba de jugar en el Campo Argentino de Polo. Lejos de ser un eximio polista, Ladino es médico, tiene 39 años y recién hace tres subió a un caballo por primera vez. Como muchos otros, tuvo la oportunidad de jugar por primera vez en La Catedral durante las finales de las ligas del interior de bajo handicap, que organizó la Asociación Argentina de Polo. Representó al histórico Venado Tuerto Polo & Athletic Club y, aunque perdió sus dos partidos, nadie podrá quitarle la experiencia vivida.

"Si hace tres años me hubieran dicho que iba a estar en Palermo, habría respondido que estaban locos. Nunca, pero nunca, se me habría ocurrido que podría llegar a jugar acá. Venir a Buenos Aires, con 0 goles, es una alegría tremenda. Es el futbolista que llega a la cancha de River", compara.

Ladino es cirujano y el polo llegó a su vida por casualidad. "Fue muy loco, porque primero operé a Leandro Augusti de apendicitis y poco después vino a verme Mauro Príncipe porque se había cortado una mano. Los dos jugaban al pato y arranqué por ahí", cuenta. Corría la Semana Santa de 2016 y mientras hacían las prácticas de pato él galopaba al lado de ellos. Al poco tiempo el grupo se diluyó, pero desde el club Venado Tuerto los invitaron a sumarse a las prácticas de polo. "Fue en octubre o noviembre, por medio de Federico Bachman. En el medio fui a una escuela de polo, en la que me enseñaron a poner una montura y un freno, a ensillar, a vendar, a atar una cola, entre otras cosas. En el club no nos cobraron la cuota durante varios meses y nos prestaron caballos para practicar, para ver si nos gustaba. Pegamos onda rápidamente y ahora tenemos un grupo tremendo. En Whatsapp somos como 30", explica.

Del hospital a las prácticas

Nacido en Calchaquí, un pueblo de 15.000 habitantes del norte de Santa Fe, Ladino llegó a Venado Tuerto a los 23 años, tras recibirse de médico en Rosario y obtener una residencia en el hospital regional Alejandro Gutiérrez, de esa ciudad. Vivió en Buenos Aires, donde se especializó en cirugía de pulmón y tórax y trabajó en el hospital María Ferrer y en el Instituto Alexander Fleming, y en 2005 se instaló definitivamente en Venado Tuerto. Allí se casó con Celeste y ambos viven con Juan Manuel, de cinco años, mientras esperan la llegada de otro hijo.

"Si hace tres años me hubieran dicho que iba a estar en Palermo, habría respondido que estaban locos. Nunca, pero nunca, se me habría ocurrido que podría llegar a jugar acá. Es una alegría tremenda. Es el futbolista que llega a la cancha de River", se complace el médico.
"Si hace tres años me hubieran dicho que iba a estar en Palermo, habría respondido que estaban locos. Nunca, pero nunca, se me habría ocurrido que podría llegar a jugar acá. Es una alegría tremenda. Es el futbolista que llega a la cancha de River", se complace el médico. Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

Más allá del fútbol de los lunes a la noche junto a sus compañeros del hospital en las canchas que tiene el exjugador de Rosario Central Federico Lussenhoff, poco tiempo le quedaba a Ladino para hacer deporte. "Empecé running, pero me lesioné una rodilla y dejé. De chico me gustaban mucho los caballos pero no había tenido la posibilidad de andar en uno. Mi hermano mayor, Mario Fabián, es fanático y me pasó esa pasión, pero él tenía caballos de carrera y a esos yo no podía montarlos. Solamente los veía correr", recuerda.

Sus primeros pasos no fueron alentadores. "Al mes de llegar yo se disputó una copa en homenaje a Federico Rooney, un hombre que falleció joven y le dio mucho al club. Jugamos nuestro primer torneo, me caí y un caballo me pisó un muslo y me provocó un desgarro tremendo. Fue el 16 de diciembre, a las 15, en la cancha 2. No lo olvido más. Estuve dos meses sin poder hacer nada y todos pensaban que iba a alejarme. Pero me acomodé y, con el apoyo de mi esposa, compré mi primer caballo, Luisa", detalla Iván. Después de eso, se dedicó más a los caballos, de la mano de "Junior" Cavanagh (hijo de Guillermo, el actual presidente del club), que le prestó y le vendió algunos ejemplares.

"Es importante tener alguien que guíe, que le indique a uno dónde ponerse, cómo pegarle, como me pasó con Junior Cavanagh. Tal vez un caballo es lento para alguien pero a uno lo deja jugar, le permite pegarle a la bocha, frenar y doblar cuando uno quiere. Caballos que están a la altura de uno y no nos pasan por arriba, como sí me sucedió en 2016, cuando era inexperto y terminé cayéndome", comenta sobre su progreso. De a poco, Ladino se sintió parte del histórico club que entre los años treintas y los cincuentas vivió un verdadero clásico con El Trébol, a la altura de Ellerstina y La Dolfina, y que dio grandes exponentes del deporte, como Juan y Roberto Cavanagh y Enrique y Juan Carlos Alberdi. "Los sábados y los domingos juego seguro, y los viernes, a veces. Cuando estaba de guardia pedía que me cubrieran un par de horas y me iba a practicar. Si llegaba algún paciente tenía que cortar y volver. Los que no vivimos de esto tenemos que hacerlo así, otra no queda", apunta el médico.

En Palermo jugó dos partidos con la camiseta de su club, el histórico Venado Tuerto, siete veces campeón del Argentino Abierto entre los años treintas y los cincuentas, gracias a los Cavanagh y los Alberdi.
En Palermo jugó dos partidos con la camiseta de su club, el histórico Venado Tuerto, siete veces campeón del Argentino Abierto entre los años treintas y los cincuentas, gracias a los Cavanagh y los Alberdi. Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

Jugar en La Catedral

Para llegar a Palermo, Ladino debió superar dos etapas. Junto a sus compañeros Pablo Mestre, Carlos Vigliercho y Gonzalo Ferrari ganó un torneo interno del club y después superó en Rosario a un club local y a otro de Santa Fe. Finalmente, Venado Tuerto fue el único equipo de hasta 4 goles en presentarse; el resto tuvo entre 5 y 8. El primer día perdió contra Río Cuarto por 13-9, y el segundo, contra Malagueño por 13-12.

"Se puede ganar o perder, pero jugar ahí es único e irrepetible. Mientras jugaba miraba un sector de la cancha y me acordaba de que en ese lugar, en la última final [del Argentino Abierto], habían chocado «Pelón» Stirling y Facundo Sola. Y cuando me acercaba a los mimbres escuchaba la voz de Gustavo Sgalla y Martín Garrahan, de ESPN, diciendo que esos eran los mimbres de Libertador, cuando alguien hace un gol. No se puede creer; había jugadores de 4 o 5 goles de handicap que estaban emocionados", dice.

"Que la gente llegue a tener una oportunidad acá es difícil, y para el bajo handicap es importante", destaca Eduardo Novillo Astrada (h.), el presidente de la Asociación Argentina de Polo. "En esta época del año antes no se jugaba. Queremos mantener activo Palermo durante todo el año y lo mejor es dárselo a la gente que no pertenece a la zona metropolitana –que es donde está el polo–, sobre todo a la zona Sur y al interior del país", agrega el directivo, en referencia a estas primeras finales de la liga del interior jugadas en Palermo.

"Cuando uno es chico sueña esto. Recuerdo mi primera vez, con mi tío y mis primos; tenía unos nervios tremendos. Esos nervios siguen estando cuando uno vuelve, aunque tenga 20 abiertos encima", expresa quien se consagró en Palermo en 2003. Novillo Astrada cuenta que el caso de Ladino fue uno de muchos: "Faty Reynot, de Río Cuarto, jugó con 6 goles en Sotogrande y esta fue su primera vez en Palermo; además jugó con su sobrino. Eso motiva a seguir. Es llegar a Wimbledon, a La Bombonera, al Monumental".

Para Ladino, esta experiencia fue mucho más feliz que la de aquella primera vez en el polo. "Fue único estar ahí. Había poca gente en la tribuna, pero nadie me saca esto. Vinieron mi hijo, mi señora, mis primos… Tenerlos en los palenques de la cancha 1, esperando que llegue la hora", rememora emocionado. ¿Quedó alguna cuenta pendiente? "No logré hacer un gol; me sacaron uno en la raya. Nuestro capitán hizo uno y estaba como loco, no podía creerlo. ¿Mirá si el año que viene volvemos y se me da?", concluye entusiasmado quien pasó de las cirugías complejas a la simpleza de disfrutar un par de partidos de polo donde brillan los grandes... tres años después de montar por primera vez en su vida.

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