El poder obsceno

Ezequiel Fernández Moores
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24 de junio de 2015  

Irlanda, se sabe, amagaba con un juicio millonario. Había quedado sin ir al Mundial de Sudáfrica 2010 porque Francia le ganó el partido decisivo con un gol ilícito, anotado por Gallas, pero con mano de Thierry Henry en la acción previa. Semanas atrás, en medio del destape de corrupción en la FIFA, nos enteramos de que Joseph Blatter calmó a Irlanda pagándole 5 millones de euros, un acuerdo que indignó a buena parte de la prensa británica.

Lo que no se sabe es que el acuerdo, como suele suceder en toda negociación, incluyó una parte secreta. Fue Julio Grondona quien sugirió a Blatter la solución que calmaría de una vez por todas la furia irlandesa: "Lo llevamos a Messi". El amistoso, que servía además para el debut de Sergio Batista como DT de la selección, tras el despido de Diego Maradona, fue programado para el 11 de agosto de 2010 en Dublín, ideal para la inauguración del nuevo estadio Aviva. Barcelona, que estaba de pretemporada en China, puso el grito en el cielo. No había de dónde sacar los 5 millones de dólares que hacían falta para pagar el seguro. El partido se jugó, Argentina ganó 1-0 con gol de Angel Di María y Messi mostró apenas destellos de su clase, dos grandes habilitaciones desaprovechadas por sus compañeros.

"¿Y cómo solucionaste lo del seguro de Messi?", preguntó un dirigente. "Diez mil dólares a cada jugador irlandés para que no le peguen", respondió el presidente que gobernó la AFA durante 35 años. Antes de su relato, la fuente miró hacia arriba (Grondona ya estaba fallecido), y expresó: "Perdoname Julio por lo que voy a contar".

¿Aparecerá esta supuesta negociación secreta que salvó a la FIFA de un juicio millonario en las escuchas de Grondona? Son escuchas que, en rigor, no hacen más que confirmar lo que dirigentes de distintos clubes contaban desde los años '80 sobre Grondona, pero siempre en off the record. Algunos lo hacían por temor. Otros porque acaso eran parte de la trampa. Como sea, era una rutina: Grondona solía dedicarme un minuto de amenazas e insultos cada vez que lo llamaba buscando alguna confirmación oficial. Hasta que se calmaba y permitía que le preguntara sobre un nuevo tema.

Siempre produce cierto pudor escuchar conversaciones que, se supone, deben ser privadas. "La sociedad de la transparencia", nombre de un fabuloso libro del filósofo coreano Byung-Chul Han, "como un infierno de lo igual". Pero, aunque sea un dirigente de fútbol y no un banquero que manipula tasas, impresiona igualmente escuchar cómo negocia el poderoso en la intimidad. Es la obscenidad del poder. La referencia al árbitro paraguayo Carlos Amarilla, es cierto, habla más de Boca que de Grondona. Pero hasta cuando pide árbitros honestos, Grondona recuerda que sabe por zorro y que también hay que estar atento a los jueces de línea, porque él ya ha corrompido a algunos. Más delicado es el interés por Estudiantes de San Luis, el equipo de los dineros raros. Los dineros que sirven para construir el imperio. Hasta que todo se cae.

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