El progreso de las mujeres

Especial para LA NACION Deportiva
Roberto De Vicenzo
(0)
27 de mayo de 2003  

El golf entregó este fin de semana situaciones de las más diversas. Desde la eliminación de Annika Sorenstam entre los varones en el segundo día del Colonial, en Fort Worth, hasta la gran vuelta de 62 golpes de Julie Inkster en el circuito LPGA de los Estados Unidos. Desde la actuación de Eduardo Romero en Inglaterra –terminó 14°– hasta la vibrante consagración de Andrés Romero en Tucumán, con un águila en el hoyo 18.

-Maestro, ¿con qué imágenes golfísticas se queda de lo que sucedió en los últimos días?

-Primero, con el llanto de Annika Sorenstam, que falló en el intento de superar el corte clasificatorio. De todas maneras, creo que fue una actuación honrosa, más allá de que no pudo contrarrestar con su juego el viento de la segunda vuelta. Después de esta experiencia, en el ámbito de la LPGA se habrá ratificado que realmente es una empresa muy difícil que una mujer se equipare al nivel de un hombre en el golf.

-¿Le sorprendió que hubiese tanta expectativa alrededor de la participación de Sorenstam?

-No, porque había una incertidumbre total sobre si ella podía luchar ante varios pesos pesados. Fue un éxito en varios sentidos: gracias a Annika, muchas mujeres se acercaron por primera vez a visitar un campo de golf, hubo el triple de periodistas que lo habitual y varios sponsors aprovecharon esta oportunidad distinta y novedosa en el PGA Tour. Sucedió todo esto, más allá de que todos esperaban una actuación un poco mejor de Sorenstam, que por lo menos se clasificara para jugar los dos últimos días.

-Otra mujer también fue noticia este fin de semana...

-Sí, Julie Inkster logró 62 golpes en la última vuelta del Corning Classic de Nueva York; es algo relativamente frecuente entre los hombres, pero inusual y fantástico en el rubro femenino. Este rendimiento da una pauta del constante progreso de las mujeres en el contexto internacional. Cuando uno consigue ese score en 18 hoyos parecería que los palos te los lleva Dios. Mi mejor recorrido fue en el Abierto del Centro, en Córdoba, y en el Abierto de Panamá, con 61 golpes, y fueron jornadas que nunca olvidaré.

-Respecto de días inolvidables, ¿qué le pareció el triunfo de Andrés Romero en Tucumán, que ganó con un águila en el último hoyo?

-Para mí, es la mejor manera de cerrar un torneo. ¿Qué más se puede pedir? Postergó a Luis Rueda, que por lo menos tenía asegurado el desempate, y terminó siendo llevado en andas. Un águila es un espectáculo que siempre llena los ojos y que alegra a todos.

-El Tour Argentino de Profesionales es un circuito pensado para promover jugadores jóvenes, para que en un futuro actúen en el exterior. ¿Alguna vez pensó en capacitar o representar a alguien?

-No, nunca me tenté, porque lo considero muy riesgoso. Vos podés quedar a cargo de un jugador, pero nunca sabés cómo le puede llegar a ir afuera. Es un negocio imprevisible y no hay garantías. Hay factores psicológicos que a veces afectan al golfista, que en muchos casos pueden convertirse en inmanejables desde la visión de uno.

-¿Cuánto cuesta adquirir a un golfista?

-Unos 2000 dólares por semana, si se quieren hacer las cosas bien. Existen gastos de viajes, de hoteles, el contrato del caddie... son muchas cosas. Tal vez yo haría un trabajo más integral con el jugador respecto de un representante, porque lo aconsejaría en el juego y le daría varios secretos. No es algo para mí, aunque confieso que me hubiese encantado llevar de la mano a Angel Cabrera, Ricardo González o José Cóceres cuando ellos eran más jóvenes.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.