El Relincho, el último campeón de 2009

Venció en la final por 14 a 13 a El Siasgo y conquistó el título
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31 de diciembre de 2009  

La inmensa alegría que significó ganar para el cuarteto de El Relincho Cardón El Mangrullo no era absoluta. No era total. Mientras la caballeriza se fundía en un abrazo, el cerebro del equipo, Nicolás Taberna, parecía no ser parte de ese festejo alocado. Ni haber sido el goleador de la final del 68° Abierto Argentino, con el triunfo por 14-13 sobre El Siasgo, lo sacó de esa calma y tranquilidad con que agradecía cada saludo, cada abrazo. Ni ser premiado como el mejor jugador del torneo le dio la satisfacción del deber cumplido. "Es una alegría a medias. Mi hermano [por Facundo, que actúa en El Siasgo] debe estar triste y la ausencia de mis viejos, que se quedaron en [General] Las Heras, no me permite disfrutar como mis compañeros se merecen", dijo, al tiempo que desensillaba con su petisero uno de los caballos que utilizó en el decisivo encuentro. Su rostro no mostraba esa sonrisa desbordante y cómplice que suele brindar. "Lógicamente estoy feliz, pero no puede ser total. Es una lástima, pero así lo siento", continuó el mayor de los hermanos Taberna.

Sin duda, fue un partido vibrante y, por momentos, electrizante, el que se vio en la cancha 2 de Palermo. Sobre todo en el final, cuando El Siasgo Ford Camiones arrimó en el marcador y parecía llevar el partido a un tiempo suplementario. Hasta allí, había sido todo de El Relincho, que basó su juego en los goles de Nicolás Taberna (8), pero que tuvo en Osvaldo Cosita Inchauspe (el más ganador con 14 finales ganadas) a un ladero de oro. Se notó su experiencia y sus 36 torneos en el lomo. Pero eso no fue todo. Además, los hermanos Lanfranco (Juan Ignacio y Andrés) demostraron estar a la altura de las circunstancias y dieron una demostración de aplomo y madurez.

A El Siasgo Ford Camiones no le alcanzó con la chapa de ser el campeón defensor y el equipo más desequilibrante del certamen. Salvo en el primer tiempo, cuando estaba todo equilibrado, siempre corrió desde atrás. En el juego y, sobre todo, en el marcador. Falló en defensa y malogró varias contras. En cambio, El Relincho aprovechó las que tuvo para tomar las riendas del juego y alzarse con el deseado Pato de Plata. El premio mayor que los "transformó en un verdadero equipo", tal como expresó Andrés, con 22 años, el menor de la dinastía Lanfranco.

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