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"El técnico de los Pumas tiene que ser extranjero"

En su paso por la Argentina, Federico Méndez habló sobre la incertidumbre que persigue al conjunto nacional; el hooker mendocino, que juega en Inglaterra, confía en los beneficios de un mundo profesional.
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21 de marzo de 2000  

MENDOZA.- No puede con su terruño y necesita volver de tanto en tanto. La pausa del campeonato de Inglaterra, interrumpido por el Seis Naciones, fue aprovechada por Federico Méndez para viajar a Mendoza, donde pudo reencontrarse con los afectos y cumplir con la actividad comercial que inició hace un par de años -exporta su vino Cuevas del Puma- .

"Soy mendocino 100%, siempre lo consideré así. Tengo mi familia, mis amigos acá, y tengo que venir permanentemente. Si bien vivo afuera, mi cabeza la tengo la mitad del tiempo en Mendoza. Siempre estoy contento con la vuelta", señala el hooker del Northampton inglés y de los Pumas, en el encuentro con La Nación en su casa, cercana al parque General San Martín, durante su breve estada (estuvo una semana y ayer volvió a Gran Bretaña).

En Northampton, donde también actúa Martín Scelzo, Méndez atraviesa un momento muy bueno. En el olvido quedó la amargura por perderse el Mundial (se rompió el tendón de Aquiles izquierdo en los meses previos); Northampton está segundo en la Allied Dunbar (a un punto de Leicester, el líder), jugará las semifinales de la Tetley´s Bitter Cup y los cuartos de final de la Copa de Europa. Un presente exitoso, después de una experiencia no tan positiva en Bath.

"Ahora estoy mucho mejor, en Bath no me fue tan bien porque nunca me llevé bien con el entrenador. Desde que llegué a Northampton las cosas cambiaron. Incluso, este año, tras la partida del coach Ian McGeechan (dirige la selección escocesa) me encargaron entrenar a los forwards, especialmente en el scrum, y estoy a gusto con mi doble función", comentó Méndez.

-¿Cómo vivís la actual situación de los Pumas?

-Lo del Mundial fue sobresaliente, pero el tema es el futuro. Si tratamos como proyecto esa performance, surgen muchos interrogantes. Porque el profesionalismo ya rige a todo el mundo, y en la Argentina hay dudas porque se está planteando la actividad internacional a costillas de los jugadores. La mayoría es amateur, pero se les exige una dedicación profesional.

El nuestro es el único país, de los ocho o diez mejores seleccionados del mundo, donde no se les paga a los jugadores. Así, se presenta una gran desigualdad y tampoco se trabaja para corregirla. Por ejemplo, los demás seleccionados ya tienen competencia, y nosotros no sabemos qué va a pasar. Los Pumas estamos basados sobre la improvisación que tenemos los argentinos para todo. Pero no se ve que los resultados provengan de una dirigencia organizada, ordenada y que piense en el jugador.

-Pero la tendencia del rugby argentino, desde sus niveles de conducción, es aferrarse al amateurismo.

-Sí, realmente es difícil. La mayoría de la dirigencia no lo entiende o no sabe interpretar en qué dirección se dirige el rugby del mundo, ni conoce la realidad de cada uno de los jugadores.

Un rugbier amateur que juega en los Pumas y vive en la Argentina, hoy por hoy, le dedica cuatro o cinco meses a este deporte, y a veces hasta jugando aisladamente. Un chico que juega cinco o seis años en la selección es muy difícil que, al mismo tiempo, pueda ordenar su vida, pueda estudiar debidamente o tener un trabajo en el cual pueda crecer. Entonces, cuando termina de jugar al rugby, está golpeado por todos lados, se llenó de amigos, pero no tiene un centavo y tiene que salir a buscar algo. Eso es complicado, porque cada año se van agrandando los calendarios, se organizan más partidos... Hoy es impensable ganar mucho dinero jugando en los Pumas, pero por lo menos tenemos que pretender que no se pierda.

-¿Siempre pensás que Los Pumas tienen que tener un entrenador extranjero?

-Decididamente, sí; el técnico de los Pumas tiene que ser extranjero. Los técnicos de acá no tienen ni la dedicación ni el profesionalismo que tienen los de afuera; esto lo digo sin desmerecerlos ni faltarles el respeto. Creo que hay personas que saben mucho de rugby, pero son un poco antiguos. No están al tanto de las últimas técnicas, no pueden hacer un curso de perfeccionamiento, no disponen del tiempo para hacer análisis de videoestadísticas, algo que en el juego moderno es muy necesario.

También, creo que un entrenador del extranjero ayuda mucho porque en nuestro país la política interna está bastante mezclada con el juego. Muchos de los coaches, por más buena intención que tengan, sean de Buenos Aires o del interior, están comprometidos con algún club. El de afuera, en cambio, viene despolitizado, elige los jugadores que quiere y no le importa de dónde vienen, quiénes son o qué amigos tienen.

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