El título quedará en buenas manos

Daniel Meissner
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23 de septiembre de 2005  

Será un cabal campeón Fernando Alonso si este fin de semana se calza en Brasil la corona del 56° Mundial de Fórmula 1. Es verdad que andan dando vueltas por allí comentarios desfavorables por cierto espíritu especulativo del asturiano, una marcada superioridad de su rival Kimi Raikkonen, un sistema de puntaje que no premia al más ganador sino al más regular y del que sacó provecho el español, etcétera.

¿Qué culpa tiene el criterioso Alonso? Acostumbrado a los bruscos golpes de volante sólo en la partida de cada GP, aceleró cuando fue necesario y se cuidó en la segunda parte del certamen para que la diferencia lograda en el prólogo sea decisiva en el epílogo. Parece que el inconformismo es resistente a las más antagónicas situaciones en los férreos seguidores de la Fórmula 1. Había quejas con el anterior campeón (Michael Schumacher) porque ganaba siempre. Hay quejas con su casi seguro sucesor (Alonso) porque no gana nunca. Pero, ¿se puede decir que Alonso no cumple las expectativas como nuevo titular?

Las temporadas de F. 1 son todas distintas y el que manda las maneja (si puede) como quiere o como mejor le convenga. Las seis victorias del español, suponiendo que no alcance ninguna más en su feliz 2005, le resultaron suficientes si las ecuaciones le cierran al final del ejercicio. Hubo pilotos espectaculares como Keijo Rosberg que necesitaron de una sola visita al escalón más alto del podio (1982) para llevarse el título, a la vez que otros (Alain Prost en 1984) ganaron siete veces y ello no les alcanzó para quedarse con el cetro.

En un milenio caracterizado por muchas victorias de Schumy año tras año, lo de Alonso tiene sabor a poco. Pero no es así. La prensa británica, para la que muchas veces -por no decir siempre- sólo los británicos saben manejar decorosamente autos de carrera, se rindió ante las virtudes del joven de 24 años. "Entendió muy rápido cómo es el negocio de la competición. Si llega sin resto en su máquina, pero también sin angustia, es porque sabe lo que hace", dicen. Y no puede haber mejor elogio.

A no olvidarse de Flavio Briatore, su paternal consejero. El hombre fuerte de Renault fue quien, hace diez años, retó a duelo al mundo de la competición cuando contrató a Schumacher. "Es un potencial campeón", dijo, aunque el alemán sólo había disputado un GP y con un modesto Jordan, cuando los coches de Eddie Jordan todavía se pintaban de verde. No se equivocó.

En 2001, le alcanzó con ver a Alonso sobre el precario Minardi PS01, aquel auto del motor European (¿alguien lo recuerda?) en un par de carreras para darse cuenta de que ése era el chico al que llevaría de la mano al estrellato.

Alonso está ante el fin de semana de su vida. Si lo sabe aprovechar, la corona quedará en muy buenas manos.

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