El triste dominio de la violencia

Por Carlos Losauro Jefe de La Nación Deportiva
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25 de marzo de 2000  

Repaso las páginas 3, 4 y 5 de la Deportiva y no puedo evitarlo: me da bronca, indignación, vergüenza; el hilo delgado que separa la frontera entre lo bueno y lo malo se hizo astillas, definitivamente, en el fútbol; y se incorporó de tal manera la violencia que la crónica policial ya forma parte de la cotidianidad deportiva; casi como que un taquito, una chilena o un gol de emboquillada no puede separarse más de los barrabravas, que envueltos en los colores de una divisa futbolera se disfrazan de hinchas y matan; pero no me resigno...

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Y lo de la cotidianidad tiene sus ritos; aquellos que con frecuencia van a una cancha de nuestro país saben muy bien que todos los domingos se repite un juego perverso: aquel lugar reservado, en lo alto de la tribuna popular, para que la barrabrava ingrese, con su cabecilla de turno; no es necesario ser muy imaginativo; ese grupo de violentos no llegó tarde por casualidad; se juntaron un rato antes en los alrededores de cualquier estadio vernáculo, se repartieron las entradas -que nunca se sabe cómo las consiguieron- y entran triunfales, como siempre; y aquellos que no tuvieron suerte en el reparto no se preocupan demasiado: apuntan a una entrada y arrasan con todo; con los controles, con los molinetes, con aquellos que ingenuamente hicieron una cola...

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Y sigue la perversidad, también incorporada a la cotidianidad de un domingo de fútbol; como el viaje a un estadio en tren o en ómnibus; a tal punto que un arrebato ya forma parte del folklore de aquellos que se animan a compartir, resignados y asustados, un viaje con los violentos; yo no me resigno...

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Sigo, con bronca, con el dominio territorial, en las tribunas, de los violentos; roban todo lo que encuentran a su alrededor, pegan y amenazan con impunidad; camino por las escaleras de las tribunas y juegan con su perversidad, como si nada; y no están ausentes en los estacionamientos internos de los estadios; como si fuera poco, prevalecen en la salida de los vestuarios -siempre en zonas internas de las canchas- y nadie los desconoce; y como su ámbito no termina en las canchas, durante la semana siguen su derrotero en los entrenamientos; en la mayoría de los casos reconocidos y admitidos por los propios jugadores; yo no me resigno...

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Y como no me resigno me hubiese gustado que durante los últimos días fuesen muchos menos los fax y los e mail que llegaron a la redacción por parte de los equipos de prensa de los diputados de la Nación en el sentido de que el partido entre la Argentina y Chile, del próximo miércoles en la cancha de River, por las eliminatorias, camino al Mundial de Japón y de Corea, sea televisado en directo; quizá, si se apuntase con otro compromiso a la violencia en el fútbol, no tendría que resignarse nadie; ni siquiera los dirigentes que amparan a los barrabravas...

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