El verdadero Del Potro aún está por verse

Claudio Cerviño
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31 de julio de 2015  

Cuál es el verdadero Del Potro: aquel que hace 45 días, a través de un video, lucía abatido, aferrado a un almohadón, jugando casi a los flejes con algunos conceptos sobre su futuro, o el de ayer, que vía facebook, derrocha optimismo y, rumbo a los 27 años, presagia nuevamente el relanzamiento de su carrera? Sólo Del Potro y su círculo íntimo saben lo que ocurre puertas adentro, más allá de los contactos, vía redes sociales y contadas apariciones por los medios. Desde que empezó su calvario en 2010, derivado en 4 operaciones (sólo la primera fue exitosa hasta aquí: la de la muñeca derecha), a grandes rasgos ha sido así.

Del Potro viene siendo un electrocardiograma de estados de ánimos y de expresión de deseos. Que vuelve a salir al ruedo una semana después de que anunciara la desvinculación de las dos personas que marcaron su carrera deportiva: Franco Davin y Martiniano Orazi. La dupla de trabajo con la que lloró, de felicidad y también de tristeza e impotencia. Una ruptura que provocó diversas lecturas, entre ellas, que podía tratarse del preludio del fin. ¿Por qué no podía serlo si hasta el propio Del Potro lo había deslizado en el video (http://canchallena.lanacion.com.ar/1801967) cuando dijo, en la antesala de una nueva intervención, "Ojalá pueda ser la solución definitiva. Ojalá me pueda curar para siempre y pueda empezar a ser feliz, con o sin raqueta, pero con el cuerpo sano". El con o sin raqueta no había sido un acto fallido.

Todo indica que Davin y Orazi no se fueron porque Del Potro esté por pegar el portazo. Fue el final, en buenos términos según transmitieron ambas partes, de una relación que no se desgastó humanamente, sino que fue erosionada por las contingencias y por una búsqueda de nuevos horizontes laborales. En cinco años, estuvo más tiempo inactivo, haciendo kinesiología, rehabilitación, visitando al médico, que en el circuito. Cinco de los 7 años que duró el vínculo del trío que parecía inseparable. Cinco. Muchos.

El video, editado o no, de un alto contenido emocional le da paso a la esperanza. "Hoy el presente es totalmente distinto y siento una gran expectativa por la nueva etapa que empezó esta semana", señala refiriéndose a las tareas kinésicas con un nuevo profesional. "Hoy estoy con mayor determinación que nunca para emprender el camino del regreso. Ya no más dudas ni interrogantes. Comienza una nueva carrera para mí", "Esto no quiere decir que sea fácil. Siempre uso la figura de ?las piedras en el camino' pero realmente lo siento así, que quizá tuve más piedras que otros, más rocas que piedras, pero hay que saber treparlas, hacerse fuerte y aprender a escalar." Es saludable la mirada optimista. Lo que no garantiza nada.

Lo peor para un deportista es la lesión, la inactividad, los vaivenes emocionales del querer y no poder. Es bueno, muy valioso que Del Potro, que en este tiempo de obstáculos también despuntó la vida de un muchacho normal de su edad, más allá de la fama y los millones, se siga viendo más tentado de intentar volver a jugar al tenis como supo hacerlo cuando ganó el US Open 2009 y fue 4 del mundo, que en rendirse frente a las adversidades y pasar a disfrutar para siempre de los placeres y del afecto de quienes lo quieren de verdad. Pero los deseos no son más que eso. Varias veces lo intentó. Vanamente.

Se tomará su tiempo para designar el nuevo cuerpo técnico, quizá dándole prioridad al preparador físico. Se dará margen también para ver cuándo regresa a los courts, algo que se produciría en 2016. "No sé en cuánto tiempo, no sé en qué nivel, pero espero estar con ustedes en el circuito nuevamente", concluyó. Otro Del Potro desde el mensaje. Sin ser escépticos, conviene esperar para ver si, efectivamente, pasó la sucesión de tifones que frustró el segmento donde pudo pelear por un lugar en la historia. ¿El verdadero Del Potro? Será el que pueda pegarle otra vez a la pelota sin sentir dolor, sintiendo sí otra cosa: que puede seguir jugando al tenis.

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