Elisa Forti, a los 80 años: "No me siento un ejemplo"

Hace unos meses completó por segunda vez El Cruce, una prueba de 100 kilómetros; emocionó a todos y su caso atravesó fronteras
(0)
30 de abril de 2015  

Un video bastó para que los más de 200 invitados se conmovieran hasta las lágrimas. En la pantalla gigante acondicionada para la ocasión apareció Elisa Forti en todo su esplendor. La corredora, de 80 años, que hace unos meses completó por segunda vez El Cruce, emocionó a todos. Las imágenes se sucedieron con fotos de Elisa y su nieto Lihuel, de 18 años, atravesando las tres etapas para completar los 100 km de la carrera que une simbólicamente la Argentina con Chile. Unos minutos después, la protagonista de una historia que inspira subió al escenario bajo una interminable catarata de aplausos. Es que Elisa trascendió las fronteras argentinas y se conoció en muchas partes del planeta runner. Simple y concisa, se sinceró: "Mi ejemplo no es tan meritorio como otros. No sé por qué me toman de ejemplo. Correr me dio mucha seguridad y confianza. Me dio vida. Me permitió salir de mi casa. Antes estaba bastante recluida". Sin embargo, las vivencias en carrera de Forti sirvieron y sirven para demostrar que "Nunca es tarde" para empezar a correr. "Cuando terminé una carrera en Salta se me acercó un muchacho a los gritos y me abrazó. Me dio un beso y me contó que un año atrás estaba tirado en un sillón, mirando la televisión, y me vio corriendo. A partir de eso se replanteó su forma de vivir y él también comenzó a correr."

Sobre su última participación en El Cruce, reveló una intimidad familiar: "Cuando le dije a mi familia que iba a correr otra vez El Cruce no se asustaron ni nada, pero me pusieron a mi nieto de 18 años para que me acompañe".

Nitín, tal como le dicen sus allegados más íntimos, contó que para correr usa una cadenita de la suerte que le regaló una amiga, con la que emigró desde Italia. "Ella me presentó a su primo y me advirtió que era bastante bravo", dijo. Luego de una breve pausa, con una gran sonrisa, agregó: "Razón suficiente para que ese muchacho bravo se convirtiera en mi novio y luego en mi marido. A ella la acompañé hasta su último día y me pidió que siguiera corriendo hasta cuando pudiera porque correr me había cambiado la vida. Y eso que ella no hacía ninguna actividad física". Para cerrar su espacio, doña Elisa contó que todos los días corre una hora y no mucho más por el paseo costero de Vicente López. "Con eso me alcanza, porque el esfuerzo lo hago en la carrera. Los domingos descanso. Por eso, juego al tenis", remató.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.