En el vasto conurbano tokiense

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26 de junio de 2002  • 11:05

SAITAMA (De un enviado especial).– Bien se podría decir que es el conurbano tokiense, aunque el gentilicio, claro, está inventado. Pero eso es Saitama, en definitiva. Una de las referencias más importantes alrededor de la capital, hacia el norte. Con una particularidad: queda a apenas 50 kilómetros de Tokio, pero llegar –Saitama es el nombre de la Prefectura, pero ningún sitio preciso responde a ese nombre– insume casi dos horas. Y a la cancha, casi una más.

El estadio, equidistante de las estaciones de Omiya y Urawa, se levanta majestuoso en una zona alejada. Dos gigantescos techos alados, con la ya clásica forma de medialuna de por aquí, aunque culminados en forma más puntiaguda, cubren las dos tribunas laterales, dejando a cielo abierto las dos cabeceras. Fue construido de la nada y exclusivamente para el fútbol: habrá que ver cómo lo llena Urawa Reds, uno de los más populares equipos de la pequeña J-Professional League. Con capacidad para 63.700 espectadores sentados, es uno de los más grandes de toda Asia. Y cuando se está dentro de él, se siente la grandeza. Estremece saber que a la hora de levantarlo se ha pensado en los terremotos que suelen azotar la región. Y sorprende enterarse de que para darle luz –son imponentes los focos, exclusivamente ubicados en los bordes interiores de las viseras– recurren sólo a la energía solar. Se supone que los techos gigantescos son los que la atrapan.

No casualmente, aquí debutó Japón en el Mundial: es una de las zonas más futboleras del país. También fue escenario de Inglaterra v. Suecia –en aquellos tiempos en que la Argentina todavía soñaba– y Camerún v. Arabia Saudita. El cuarto fue la semifinal de esta mañana. Y después, la despedida.

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