En la interna de los Sonics, a la suerte se la llama talento

Wolkowyski dice que lo suyo fue un golpe de fortuna; sus compañeros creen en sus condiciones
Jorge Elías
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30 de octubre de 2000  

LOS ANGELES.- Rubén Wolkowyski, Big Rub versión NBA, no puede con su genio: "Lo mío fue un golpe de suerte, no más", le dice a La Nación . ¿Sólo un golpe de suerte? "Bueno, algo me habrán visto", conviene. No puede con su genio ni con su humildad, en vísperas de hacer su debut oficial, mañana, contra los Grizzlies, en Vancouver, Canadá, en el torneo de basquetbol más profesional y competitivo del mundo.

Las estrellas nativas, como Gary Payton, Patrick Ewing, Vin Baker o Desmond Mason, ven en él más talento que suerte. Con talento y suerte, en todo caso, Big Rub, Colo versión argentina, ha creado una grata impresión, y enormes expectativas, en los Sonics, de Seattle. Y, por ello, será el primer argentino en la NBA (aunque esta noche podría definirse el ingreso de Juan Ignacio Pepe Sánchez en Philadelphia 76ers).

En la Liga de verano del sur de California, en la que los jugadores procuran movimientos brillantes, Wolkowyski exhibió estado atlético, rudeza y puntería desde larga distancia, según señala el entrenador Paul Westphal: "Nos impresiona cada vez que entra en el juego".

Con sus 2,08 metros, su función en el equipo consiste en emular a otro coloso, Ewing, un poco más alto que él. Y muchos se preguntan por qué, con semejante porte, ningún otro club de la NBA reparó en él. Quizá en ello haya pesado, ahora así, la suerte: Miguel Ferreira, agente de jugadores, llevó a un torneo de Hungría un video de Wolkowyski, mientras jugaba en Estudiantes de Olavarría, que le mostró a David Pendergraft, asistente de los Sonics. Y ahí comenzó todo.

Pendergraft enseñó el video a Westphal. "Y dije: deberíamos invitarlo a la Liga de verano", asiente el entrenador. En los siete primeros partidos, Wolkowyski cumplió con la prueba de fuego en Los Angeles y alrededores: 4,4 puntos y 2,8 rebotes. En la etapa siguiente, Boston, más volcado hacia el ataque, terminó con 10,8 puntos y 2,8 rebotes.

Es algo así como un hallazgo que, sin los pergaminos de sus compañeros, va soltándose cada vez más a pesar de las limitaciones del idioma y de la cultura. Y que, a golpes de entereza, con Mariana, su mujer, y Tomás, el hijo de ambos, de apenas seis meses, va encontrando un lugar en Seattle, Estado de Washington, gracias al consejo y la ayuda de familias argentinas.

En el Seattle Times, Vin Baker dice que Wolkowyski no es un jugador típico. Sobre todo por su estatura. En el último cuarto de un partido contra Los Angeles Lakers, perdido por 101-98, el forward Robert Horry no pudo desprenderse de su marca. "Puede moverse, puede rotar", afirma Westphal.

No es el primer extranjero en los Sonics ni el primero que no domina el inglés: en las dos temporadas anteriores estuvieron Vladimir Stepania, nacido en la república de Georgia, y Lázaro Borrell, cubano. Con Wolkowyski, nacido el 30 de septiembre de 1973 en Juan José Castelli, Chaco, Westphal y sus asistentes usan frases breves y gestos, de modo de entenderse mejor.

Es, acaso, la parte más dura, y más íntima, del sueño consumado después de haber jugado por primera vez, en 1993, en Quilmes, de Mar del Plata, y de haber sido incorporado, ese mismo año, en el seleccionado nacional.

Luego estuvo dos temporadas en Boca, donde, según reseña Julián Pérez Porto en la dirección de web El sitio no oficial del Colo Wolkowyski, recibió una sanción por pescar tiburones sin autorización mientras debía estar recuperándose de una lesión. De ahí pasó a Estudiantes de Olavarría, campeón de la Liga nacional. Y, ahora, a los Sonics.

Tiene contrato por un año, con opción a otro más. En el vestuario, después del partido de exhibición en el que derrotaron a los Clippers, de Los Angeles, por 109-99, más de uno de los asistentes improvisó alguna que otra palabra en español, de modo de que él, siempre callado y serio, se sintiera más cómodo.

Una forma de demostrarle, tal vez, que los golpes de suerte por sí mismos no son más que golpes. Como el codazo que recibió en el partido contra Sacramento, por el cual tiene cinco puntos en la ceja derecha. El talento que sus propios compañeros reconocen en él es otra cuestión.

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