"Es... mi vida; es la selección"

Mientras continúa con su rehablitación en Cuba, el ex capitán del seleccionado vio en directo el triunfo ante Chile; vibró, gritó y se emocionó; como ayer, como siempre
Daniel Arcucci
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30 de marzo de 2000  

LA HABANA.- Fue un miércoles a todo fútbol para Diego Armando Maradona, aunque apenas si salió de esa casa que habita en el complejo de salud Las Praderas, la número 2, distinta de las demás porque una bandera argentina flamea desde la terraza y por una cancha de fútbol-tenis en la puerta que empezó como algo improvisado y ya casi es profesional. Sin posibilidades todavía de jugar como él querría, conformándose apenas con un picadito-seis-contra-seis en una cancha de básquetbol y con arquitos mínimos -el primer partido desde que llegó a Cuba-, el hombre dedica buena parte de su tiempo a sentarse frente a la TV para observar cómo otros juegan a la pelota, en el lugar que sea y por lo que sea...

Un televisor Samsung de 21 pulgadas conectado a una monstruosa antena satelital y un monitor Sony que recibe imágenes de Buenos Aires como si estuviera en Villa Devoto gracias a un decodificador, lo mantienen informado y conectado permanentemente. Si se le atrevió a Ecuador-Venezuela, si soportó el calvario de Colombia-Brasil, descontado estaba que el debut de la selección en las eliminatorias debería tener algo de especial.

Casi se preparó, porque entre el triunfo de España sobre Italia, que sufrió por su simpatía por varios jugadores -especialmente Ciro Ferrara-, y el triunfo de Uruguay sobre Bolivia, que no gozó por razones obvias, se durmió una buena siesta, que le permitió llegar de la mejor forma a algo que estuvo esperando con todas las ganas desde hace bastante tiempo. Antes, había hablado con Blatter, Grondona y De Luca (ver recuadro). Antes, también se había preocupado porque llegara un telegrama hasta la concentración de Ezeiza: "Lo que queda de mi corazón está con ustedes", se le ocurrió hacerles saber. Después, después sólo usaría sus sentidos para disfrutar o para sufrir la Argentina v. Chile.

Increíble la relación de este hombre de 40 años con la camiseta que vistió durante tanto tiempo y con el elemento que lo hizo famoso. Muere por un partido del seleccionado, muere por tocar una pelota...

Por eso, tal vez, es que los vive como si estuviera allí, como si todavía formara parte de eso. "Es... es mi vida... Es la selección. No sé si no me voy a poner un traje para ir a verlo, no sé... Si no, una buena pilcha".

Al fin, eligió algo mejor: una camiseta celeste y blanca Reebok, con el número 10 en la espalda y su nombre encima. Salió de la casa a grito pelado - "¡Ar-gen-ti-na, Ar-gen-ti-na!"- y con una sensación conocida: "Tengo un sudor frío que me recorre el cuerpo, como siempre..."

La cita fue en la casa de Alfredo Tedeschi, aquel camarógrafo de Reuters con quien tuvo un incidente en el comienzo de su estada aquí y hoy se ha convertido en un indispensable colaborador del grupo. Es argentino y hace ocho años que vive en La Habana, en una confortable casa muy cercana al complejo Las Praderas. Diego ya ha estado allí otras veces. Anteanoche, por ejemplo, cuando se aburrió -como todos- con el empate de los brasileños en Bogotá. Dijo entonces: "A ese partido no lo salvaba ni un monstruo como Rivaldo, porque el fútbol es contagio... Y lo que se contagiaban todos ellos no era nada bueno. Ojalá que la mala onda no llegue hasta la Argentina".

Un gato negro, propiedad de los hijos de Tedeschi, fue aislado como para que no se cruzara más con Maradona. Los choripanes, permitidos, se asaron con sabiduría argentina en el quincho de la casa. El televisor de 29 pulgadas, conectado a Canal 13, se ganó el centro de la escena... El volumen, en 36, transmitía una sensación de presencia que el Monumental parecía a la vuelta de la esquina.

Casi, casi como cuando Diego gritó: "¡Es gol de Bati, es gol de Bati...!". Fue gol de Bati. Y festejo loco, corriendo por el jardín. "¡Aro, aro, aro...!", a Verón y casi fue gol de Verón desde afuera. A los 15, la primera evaluación: "Bien, Argentina, bien... No se tiene que ir el Cholo, nada más, si no quedamos descompensados...". Se lo pierde Batistuta, y le habla como al oído: "Qué bien nos hubiera venido el 2 a 0, Bati...". Toca la primera pelota Bonano y se anticipa al relato de Marcelo Araujo: "La primera de Tito, mirá...". Enseguida: "Para el segundo tiempo, Crespito...". Finalmente, para los chilenos: "Estos tienen más dudas que Samantha...".

Claudia se paró y vino el gol de Chile. Maradona obligó a su esposa a respetar la cábala y quedarse fija en el mismo lugar. Llegó otra alegría, gracias a Verón. "Me gusta Argentina, me gusta. Está concentrado y rápido". No quiso ver el penal de Verón. "¡Qué golazo, papá", exclamó con el tanto del Piojo. Quedó disfónico de tanto grito. Lo vio a Bielsa enfocado por la cámara y comentó: "¿Después dicen que yo soy el único loco?". 4-1, final. Maradona enciende un puro marca Robaina modelo Don Alejandro para festejar... Enseguida, vía celular, habló con el Piojo López, con el Kily González (a quien le pidió que le guardara la camiseta), con Bielsa. Una noche interminable.

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