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"Esto no calma el dolor"

El COA no la inscribió en Barcelona ´92; ganó el juicio, pero no olvida el sufrimiento.
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29 de marzo de 2000  

MAR DEL PLATA.- Dice que no hay rencor ni resentimientos. Sí, en cambio, una frustración terriblemente dolorosa, eternamente insalvable, que ni siquiera se puede saldar con los 90.000 pesos con que el Comité Olímpico Argentino (COA) la indemnizará por no haberla inscripto para participar en los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992.

Ana María Comaschi tiene hoy dos motivos para festejar: el primero, su hijo Mauro Rafael, de apenas 22 días, el premio más grande que jamás pueda haber soñado. Y el segundo, este fallo que lejos de reparar el daño alcanza para sentir que se hizo justicia.

"Esto no calma el dolor. Ningún dinero puede pagar el sufrimiento de sentirse una extraña en la Villa Olímpica, de prepararse durante años para un objetivo que un error de los dirigentes me dejó sin la posibilidad de cumplir", cuenta la flamante mamá.

Comaschi era por ese entonces una de las atletas más exitosas del país. Todavía hoy conserva el record argentino en los 100 metros llanos con 11.3 segundos y el de heptatlón, prueba en la que alcanzó un máximo de 5795 puntos.

Pero cuando llegó a Barcelona con todas sus ilusiones a cuestas se enteró de que el COA había incurrido en un error burocrático y no la incluyó en la lista de deportistas acreditados para representar al país en los Juegos Olímpicos.

"Fue terrible, no sólo por lo que significaba quedarme afuera de los Juegos sino porque nadie daba explicaciones; no había uno sólo que me diera respuestas", recuerda. Pero Ana María asegura que ya no llora por aquella frustración. "Demasiadas lágrimas dejé en Barcelona", afirma.

Cambió el llanto por la acción, y con apoyo de sus abogados inició una demanda civil al COA por pérdida de chance y daño moral.

"El juicio se lo hice a la institución y no a un dirigente en particular -aclara- porque cada uno de ellos fue, en su medida, responsable de lo que me pasó." El por entonces secretario de Deportes de la Nación Fernando Galmarini y el presidente de la Confederación Argentina de Atletismo, Hugo La Nasa, testificaron en su favor en esta causa.

Después de siete años, llegó el fallo que esperaba: la Justicia condenó al COA a indemnizar a la atleta con 90.000 pesos luego de que la Corte Suprema rechazó el último recurso extraordinario presentado por la parte demandada. "El planteo es inadmisible", remarcó el máximo tribunal.

"Claro que la plata viene bien, pero nunca alcanzará para pagar aquella ilusión destrozada", señala Comaschi, quien desde hace más de un año se desempeña como preparadora física de los agentes de la policía bonaerense.

Mas allá del monto que recibirá en concepto de indemnización, Comaschi pretende que esta sentencia sea "ejemplificadora" y que su experiencia no vuelva a repetirse. "Ni a un enemigo -señala- le desearía lo que viví en Barcelona."

Ahora, aún entre los pañales y mamaderas de Mauro, la atleta está nuevamente a flor de piel.

Tanto que ya está pensando en volver a las pistas. "No estaré para los Juegos de Sydney -dice en tono de broma- pero a los 33 años todavía puedo dar que hablar entre las veteranas".

A las escondidas

Como para el COI Comaschi no existía, su condición dentro de la Villa Olímpica en los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, era de intrusa. "Nunca tuve acreditación", insiste sobre aquella situación.

Para evitar ser retirada por la fuerza optó por quedarse en el interior de las instalaciones asignadas a la delegación argentina, trinchera desde la que hizo los últimos esfuerzos por recuperar el lugar que se había ganado para el mayor desafío deportivo de su vida. Y hasta llegó a ocultarse debajo de una cama, creyendo que se acercaban los encargados de seguridad de la Villa.

Pero nadie le dio soluciones y se tuvo que conformar con permanecer encerrada en una habitación, ya que ni siquiera pudo asistir a la ceremonia inaugural en carácter de invitada o simple espectadora. Recuerda que los dirigentes del COA le dieron el último cachetazo: "No hay más entradas".

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