FIFA para todos

Ezequiel Fernández Moores
Crédito: Domenech
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24 de febrero de 2015  • 22:29

Una cabeza de chancho flota en un frasco de formol. Original o réplica, es el objeto central de la exposición Kultort Stadion. También hay una muñeca inflable con su nombre. La muestra, organizada años atrás en Alemania, incluye copias de encendedores, monedas, celulares, vasos, tacos de madera, pelotas de golf, bolas de billar y hasta la botella de whisky J&B que le tiraron. Luis Figo, centro de la furia, recogió la de Coca Cola con el pulgar levantado, porque la firma lo patrocinaba. Los Boixos Nois, hinchas radicales del Barcelona, le tiraban de todo cada vez que debía patear un córner. El escándalo obligó a suspender el clásico dieciséis minutos (goo.gl/jpk9Nz). Figo era el capitán "traidor" porque se había ido a Real Madrid. Los carteles le decían Judas, Esclavo, Mentiroso. Su rostro aparecía en billetes. "El Clásico del Cochinillo", 23 de noviembre de 2002, día de su mayor vergüenza, provocó al Camp Nou una multa de 4000 euros y la clausura de dos fechas que no se cumplió. Desde entonces, el ejecutivo de 42 años que hoy promete limpiar el fútbol si destrona a Joseph Blatter en las elecciones del 29 de mayo en la FIFA pasó a ser recordado como "Pesetero".

Balón de Oro 2002, Figo, escribió una vez el periodista Santiago Segurola, no será recordado como el extremo formidable y valiente que fue, sino porque esa transferencia de 60 millones de euros entronizó el modelo de comprador serial del millonario Florentino Pérez, presidente inesperado de Real Madrid. Y, además, porque el propio Figo se convirtió en bandera de los nuevos tiempos de un fútbol definitivamente alejado de sus "viejos valores sentimentales". "Me siento obligado a devolver al fútbol todo lo que me dio", dice ahora Figo. Cuenta que decidió postularse para presidente de la FIFA cuando vio las protestas populares en el último Mundial. Figo viajó a la Copa de Brasil como "embajador" de Dafabet, un gigante de apuestas deportivas en Asia, supuesto impulsor de su candidatura. La casa de apuestas irlandesa Paddy Power había entregado 380.000 dólares para la campaña de otro ex jugador, el francés David Ginola, que finalmente declinó su postulación. "Soy un candidato independiente, gané suficiente dinero", se defendió Figo la semana pasada en Londres, cuando le preguntaron quién pagaba los viajes de su campaña. Otros citaron influencias de Florentino Pérez. Y de Jorge Mendes, el superpoderoso agente de Cristiano Ronaldo, portugueses como Figo.

En realidad, Figo se fue enojado de Real Madrid, porque Florentino Pérez, fiel a sí mismo, lo había cambiado por David Beckham. Y su agente no es Mendes, sino Miguel Macedo, que en 2005 lo llevó de Real Madrid a Inter. Figo había querido ir a Italia mucho antes. Pero el calcio lo suspendió por dos años, cuando se comprobó que había firmado doble contrato para jugar en Parma y en Juventus. Líder de la "Generación Dorada" de Portugal que en 1991 ganó la final del Mundial Sub 20 ante Brasil, con 120.000 personas en el Estadio da Luz, de Lisboa, Figo vivió en ese mismo escenario la sorpresiva derrota ante Grecia en la final de la Eurocopa 2004. Llegó luego a semifinales del Mundial de Alemania 2006. Pero los reflectores ya apuntaban a Cristiano Ronaldo, el nuevo fenómeno. Una encuesta reciente de la Federación Portuguesa de Fútbol coronó a Cristiano como el mejor jugador del país de todos los tiempos, con un 48,34 por ciento de los votos, apenas delante de Eusebio (47,10). Figo quedó tercero, con 4,56. Su imagen sufrió daños cuando la justicia denunció que el ex crack recibió dinero público, 750.000 euros, supuestamente, para apoyar la campaña del socialista José Sócrates, premier de Portugal de 2005 a 2011, hoy preso por corrupción en la cárcel de Evora, mientras el nuevo gobierno acuerda austeridad con el FMI. "Una persona seria -describía Figo a Sócrates en la campaña de 2009-, honesta y profesional.

"¿Figo? No lo conozco." El dirigente, un veterano, me dice que la presidencia de la FIFA no se gana mostrando videos de viejos goles. Pero el candidato Figo no ostentó hazañas deportivas en la presentación que realizó la semana pasada en Wembley. Su manifiesto de veinte páginas propone revisar la ley del offside y lo que llama el "triple castigo" de las faltas como último hombre (penal, expulsión y suspensión). Hablemos de dinero: Figo quiere repartir a las 209 federaciones afiliadas el 50 por ciento de las ganancias de la FIFA (serían 2500 millones de dólares). Lo mismo con otros 1500 millones de las reservas. Algo así como 2 millones de dólares anuales para cada federación. Más jugoso aún, Figo ofrece ampliar de 32 a 40, o hasta 48, el número de selecciones en el Mundial. Si se puede, hasta que se clasifique el gigante chino, donde Figo dirige su propia academia. Un Fútbol Para Todos de 30 equipos en versión FIFA. Y, corriendo por izquierda a Blatter (si cabe la expresión), Figo aclara que las selecciones que se agreguen no serán europeas. El ex crack de Barcelona y Real Madrid es el nuevo abanderado del Tercer Mundo. Más que Blatter, que subió a 32 el número de selecciones participantes y expandió los Mundiales a todo el planeta. Pese a sus problemas, los Mundiales son hoy una plataforma más democrática que, por ejemplo, un duelo Real Madrid-San Lorenzo, cincuenta veces más rico el primero que el segundo. La Copa Mundial de Clubes se parece al mundo: si no hay cambios, advierte la ONG Oxfam, el 1 por ciento de la población mundial acumulará en 2016 más riqueza que el otro 99 por ciento. A cualquier dirigente que se oponga hoy se lo llama "populista".

Figo, me dicen mis fuentes, es en realidad una de las tres cartas que terminará uniendo Europa para una eventual segunda vuelta en las elecciones del 29 de mayo si Blatter no obtiene el 66 por ciento de los votos en primera ronda. Las otras dos cartas europeas son las candidaturas restantes de Michael van Praag, presidente de la federación holandesa, y del príncipe jordano Alí bin al-Hussein, vicepresidente de la Confederación Asiática (AFC). Las campañas de Figo y Alí son dirigidas inclusive desde Londres por la misma compañía, Vero Communications. Pero a Europa le cuesta funcionar en bloque. Lo reflejó ayer el anuncio de la FIFA de correr para los meses menos calurosos de noviembre-diciembre el polémico Mundial de Qatar 2022, votado en 2010 con Blatter y sus aliados envueltos en graves denuncias de corrupción. La UEFA de Michel Platini (también él votó por Qatar) apoyó la decisión. En cambio, Ligas, clubes y TV europea, es decir, el poder económico de la pelota, amenazan con demandas judiciales contra Blatter (Fox y Telemundo, con derechos para el Mundial 2022, cesaron su enojo después de que la FIFA les extendió derechos para el Mundial 2026).

El príncipe Alí, educado en Inglaterra y candidato favorito de Platini, es el único opositor que presentó avales de países de tres confederaciones distintas. Pero no tiene el respaldo de la propia AFC, que en enero se declaró alineada en bloque con Blatter. El suizo fue abucheado en el estadio en la final de la Copa de Asia en enero pasado en Melbourne. Pero en los salones del Sofitel, donde se cocinan votos, los jeques del Golfo ordenaron aislamiento absoluto al príncipe jordano. Sudamérica seguirá con Blatter para mantener sus cuatro cupos y medio en Mundiales. Concacaf está más dispersa tras la caída de Jack Warner. Y África, el otro voto decisivo, también apoya en masa un quinto mandato del suizo. Al borde de los 79 años, y sin Julio Grondona a su lado, el rey Blatter voló en enero también a Guinea Ecuatorial, para hacer campaña en la última Copa de África. "Los 54 países africanos estamos con Blatter. Este hombre -afirmó Amaju Pinnick, presidente de la Federación de Nigeria- es africano, siente africano, apoya a África.

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