Flamengo, el rival "apolítico" de River

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil
Jair Bolsonaro, presidente de Brasil Crédito: Domenech
Ezequiel Fernández Moores
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30 de octubre de 2019  • 00:01

A Flamengo no le conviene que Jair Bolsonaro concrete su intención de ir a Santiago para la final de la Copa Libertadores contra River. Al Chile que hoy protesta podría molestarle un presidente que admira a Augusto Pinochet. Su presencia, además, afirma el colega Mauro Cezar, no haría honor a la propia historia de Flamengo. Porque en el Chile de Pinochet Flamengo sufrió "agresiones y amenazas" cuando jugó en 1981 su única final por la Libertadores. El rival fue Cobreloa, un club impulsado en 1977 por la dictadura, presidido por un coronel de Carabineros e ideal para entretener a los combativos mineros de Calama, en pleno desierto de Atacama. Cobreloa tardó apenas cuatro años en llegar a la final de la Libertadores. Flamengo le ganó 2-1 la ida en el Maracaná. La revancha fue el 20 de noviembre. Había 61.000 personas en el Estadio Nacional. Y jugaba Mario Soto, zaguero de Cobreloa. Con una piedra en la mano.

Cuando me presentaron a Soto, en 2014 en Temuco, me avisaron sonriendo que debía cubrirme el rostro. Ahora entiendo mejor por qué. La tarde del 20 de noviembre en Santiago Soto abrió primero el arco superciliar de Adilio, produjo luego un corte a Lico en la oreja y finalmente lastimó a Tita en un ojo. "¿No se le estará pasando la mano a nuestro Mario Soto?". Cuentan que lo preguntó Pinochet, él también presente en ese mismo Estadio Nacional que su régimen había convertido en una cárcel gigantesca, que incluía tortura y muerte. A once minutos del final, Cobreloa marcó el 1-0 de tiro libre. Tres décadas después, Zico, crack y líder de Flamengo, habló por primera vez de lo que hasta entonces era mito silencioso. Afirmó que Soto jugó con una piedra escondida en sus manos. Su compañero Armando Alarcón lo negó. Aceptó, sí, que Soto "mordió algunas orejas". Para Soto, todo es una "leyenda". "Esa historia de las piedras -dijo una vez- surgió porque siempre tuve las manos muy duras". El desempate se jugó tres días después en Montevideo. Fue un 23 de noviembre, misma fecha de la próxima final contra River.

Dos goles de Zico en el Centenario dieron a Flamengo la Copa, la única Libertadores que lleva ganada en toda su historia. Paulo César Carpegiani, DT de 32 años, hizo entrar a los 88 minutos a Anselmo. Le ordenó que, con la victoria ya asegurada, hiciera justicia con Soto. El zaguero atenuó la trompada por la espalda gracias al aviso del arquero Oscar Wirth. Anselmo se fue directo al vestuario. Expulsado, igual que Soto. "Dentro de cada fanático -escribió el periodista Braulio Tavares- existe también un bruto que no se resiste a la poesía de un puñetazo bien dado". Flamengo se había clasificado a segunda etapa porque José Roberto Wright, árbitro amigo, expulsó a cinco jugadores del Atlético Mineiro. Hubo problemas también en los duelos en Paraguay, Bolivia y Colombia. El propio Flamengo sufrió rumores de doping. Eran Libertadores sin controles. Sin siquiera el slogan del "fair play".

El gran Flamengo de 2019 sigue jactándose de ser el equipo con mayor cantidad de hinchas en el mundo. "Cuando Flamengo pierde -grafican algunos-, el Cristo Redentor se cruza de brazos y se pone serio". Origen bien popular. "Ela, ela, ela, silencio na favela", se burlan los rivales cuando le ganan. "Flamenguista favelado" es insulto y es orgullo. Bolsonaro, hincha de Palmeiras, estaba en China cuando Flamengo goleó 5-0 a Gremio y se clasificó finalista. Dijo que pidió "apoyo" al presidente Xi Jinping y que por eso Flamengo suma ahora 1300 millones de hinchas chinos. "La Libertadores es nuestra", siguió Bolsonaro, descontando el triunfo ante River, el equipo "verdugo" del Boca de su amigo Mauricio Macri.

Hace veinte días, Bolsonaro se reunió en Brasilia con el presidente de Flamengo, Rodolfo Landim. El ingeniero le regaló una camiseta. Flamengo ya había obsequiado Maracaná y camiseta al ex juez Wilson Witzel, gobernador de Río. Y también al diputado Rodrigo Amorim, famoso cuando dañó una placa de Marielle Franco, la concejal asesinada en 2018. Todos fueron o son aliados de Bolsonaro, como el legislador que promovió el homenaje que la Cámara de Diputados realizará el 13 de noviembre a Flamengo, el equipo de "42 millones" de hinchas que celebraron su día el lunes pasado. "28 de outubro. Día do Torcedor Flamenguista".

El propio Bolsonaro asistió a la cancha con la camiseta de Flamengo. Estaba con el ministro Sergio Moro. Oportunos, fueron apenas tres días después de las filtraciones que desnudaron graves irregularidades en la investigación de Lava Jato. También Flamengo precisa favores políticos. Acaso para no irritar al poder, evitó entonces sumarse a clubes como Corinthians y Vasco da Gama, cuando repudiaron una eventual celebración oficial del golpe de estado de 1964. El silencio irritó a la agrupación "Flamengo Antifascista". Y también por eso fue tal vez que Flamengo aclaró meses atrás que no tuvo nada que ver con el homenaje a Stuart Angel Jones, remero del club, bicampeón carioca, luego guerrillero, secuestrado en 1971. Jones fue asesinado por la dictadura, igual que su madre que lo buscaba y a la que Chico Buarque homenajeó con una hermosa canción que comienza preguntándose "Quién es esa mujer". La aclaración de Flamengo sobre Jones fue categórica. "El club -decía la nota- no toma posición sobre temas políticos". No siempre, claro.

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