A cuatro años de Qatar 2022: un Mundial de 23.000 millones de dólares

El emir de Qatar Sheikh Tamim bin Hamad al-Thani y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino
El emir de Qatar Sheikh Tamim bin Hamad al-Thani y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino Fuente: Reuters
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20 de noviembre de 2018  • 23:59

DOHA.– Es difícil imaginar que exactamente dentro de cuatro años, el 21 de noviembre de 2022, arranque el Mundial de Qatar en estadios presumiblemente llenos con aficionados de todo el mundo.

Pero así será. Por lo pronto, el pequeño emirato sigue con su Superliga. En Doha, unas 300 personas asistieron recientemente al duelo entre el Al-Ahli contra el Al Rayyan. El equipo local marca un gol, pero los hinchas apenas celebran y el club emite sonidos de júbilo por los altavoces. El modesto estadio está casi vacío.

Solamente un grupo de aficionados visitantes hace un poco de ruido, canta, aplaude y alienta. Uno de ellos es Omar, quien está convencido de que todo será diferente en 2022.

El Mundial será "algo grande", dice él. "Fanáticos de todo el mundo vendrán y disfrutarán los nuevos estadios", agrega.

El 21 de noviembre de 2022 está marcado en el calendario como el día del partido inaugural del torneo, que arrancará en el estadio Losail, con capacidad para 80.000 espectadores, y atraerá a 1,5 millones de hinchas hasta la final, el 18 de diciembre.

El acontecimiento será un experimento para jugadores, funcionarios y aficionados, ya que es único en varios aspectos: se trata del primer Mundial en el mundo árabe y musulmán, el primero durante el otoño/invierno del hemisferio norte y el primero que se jugará prácticamente en una sola ciudad.

En efecto, cuatro de los ocho estadios estarán en Doha, la capital, mientras que otros tres estarán cerca y la distancia más grande serán los 35 kilómetros que separan Doha del estadio Al-Bayt Stadium, en Al Khor, en el norte del emirato.

Tarik Kamhawi visualiza el evento mientras camina con botas entre la lluvia y el barro en una construcción del viejo puerto de Doha. Entonces se detiene.

"Este es el campo. Solo imagínelo. Este estadio con esta vista", dice, mirando los rascacielos que se alzan sobre la bahía. En los próximos dos años, en el sitio se construirá el Ras Abu Aboud, con capacidad para 40.000 espectadores.

Los organizadores están especialmente orgullosos de este escenario porque está construido principalmente con contenedores de transporte y acero, y será deconstruido para ser desplazado a algún otro lugar después del Mundial. Qatar quiere un evento sostenible.

"Es como los Lego. Tienes partes y tienes que coleccionarlas", dice Kamhawi.

Así, la capacidad de otros estadios será reducida después del certamen a 20.000 asientos y las secciones que ya no sean necesarias irán a países en vías de desarrollo.

Sin embargo, aún es una incógnita qué pasará después de 2022 con siete nuevos y modernos estadios en un reino con una población de 2,7 millones de personas, de las cuales solo 300.000 son qataríes. No sin sorpresa, la liga local no atrae demasiado público.

Qatar está gastando 23.000 millones de dólares en un torneo que forma parte del ambicioso programa de modernización del país. Y Doha parece ser uno de los grandes sitios de construcción en un país que quiere ser mucho más que la nación con el ingreso per cápita más alto del mundo.

Mohammed Ahmed, un estadounidense residente en Qatar y miembro del comité de infraestructura del torneo, dice que el certamen será "un catalizador para el cambio" y "un examen para el país".

En ese sentido, no todos creen que Qatar esté listo. Tilman Engel, que trabaja como consejero en deportes para su consultora en Qatar, tiene dudas sobre si habrá instalaciones adecuadas para todos los equipos y aficionados.

Los organizadores, en cambio, dicen que todo está bajo control, con la suficiente infraestructura hotelera, de barcos y de campos de entrenamientos en el desierto.

Los preparativos se complicaron en junio de 2017, cuando Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto impusieron sanciones políticas y económicas al país, acusándolo de apoyar y financiar terroristas. Doha niega los cargos.

El bloqueo se tradujo en ciertos retrasos en la construcción de edificios para el Mundial. El cemento, por ejemplo, escasea en el país tras el boicot. Pero los organizadores insisten en que todo estará listo a tiempo.

Además, el país está en el punto de mira internacional por el estado de los derechos humanos de los trabajadores. El Gobierno impulsó algunas reformas, pero "el sistema kafala sigue prácticamente intacto", asegura Hiba Zayadin, de la organización Human Rights Watch. De acuerdo al sistema kafala, los trabajadores extranjeros quedan vinculados con patrocinadores nacionales y necesitan el consentimiento de ellos para cambiar de trabajo.

Otro problema al que puede enfrentarse Qatar es la posible ampliación de número de participantes de 32 a 48 selecciones. Se espera que la FIFA tome la decisión definitiva en marzo.

Los organizadores de Qatar 2022 afirmaron en julio que "era factible", pero esa ampliación requeriría la participación de algún país vecino, lo que es complicado debido al boicot.

LA TERCERA RESERVA DE GAS DEL MUNDO

Qatar cuenta con el ingreso per cápita más alto del mundo gracias a la tercera reserva de gas natural más grande del planeta.

Gobernado por el emir Tamim bin Hamad Al Thani, es un reino islámico con ley sharia, pero el código de vestimenta es mucho más relajado en comparación con países musulmanes más ortodoxos, como Arabia Saudita.

Qatar, que declaró su independencia en 1971, se encuentra en el noreste de la península arábiga y tiene una población de 2,7 millones de habitantes, de los cuales sólo unos 300.000 son qataríes.

Unas 600.000 personas viven en la capital, Doha, que ha crecido rápidamente en los últimos años. La gran mayoría son extranjeros que llegan a Qatar para trabajar, muchos de ellos enmarcados bajo el polémico sistema Kafala, que obliga a los trabajadores no calificados a tener un patrocinador o auspiciante local, generalmente su empleador, quien es responsable de su visa y estado legal.

Tras las protestas de grupos de derechos humanos y sindicatos, el gobierno de Qatar ha iniciado reformas, pero los activistas argumentan que son necesarios más esfuerzos.

Tradicionalmente, Qatar tuvo vínculos estrechos con sus vecinos, pero ahora es blanco de un boicot promovido por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Yemen y Egipto, que lo acusan de patrocinar el terrorismo, una afirmación que el estado qatarí rechaza.

Los países que boicotean a Qatar critican la red de medios de comunicación de Doha, Al Jazeera, que tiene una influencia sustancial en la región.

Tras la caída inicial que sufrió en junio de 2017, cuando comenzó el bloqueo, la economía qatarí está en franca recuperación.

Dentro de un plan ambicioso de ser sede de los principales acontecimientos deportivos del planeta, el Mundial de fútbol representa el mayor desafío para el país.

En los últimos años, Qatar organizó los Juegos Asiáticos de 2006, el Mundial de balonmano (2015), el de ciclismo (2016) y el de gimnasia (2018), y tiene previsto recibir al de atletismo (2019) y natación (2023).

El atleta qatarí más importante es Mutaz Essa Barshim, el actual campeón mundial de salto de altura y medallista de plata en los Juegos Olímpicos 2016.

La selección nacional de fútbol ocupa el puesto 96 en el ranking FIFA y en la última semana sumó dos buenos resultados, una victoria por 1-0 ante Suiza y un empate 2-2 ante Islandia.

Como país anfitrión, la selección qatarí está clasificada automáticamente para el Mundial.

DPA

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