A River le salió barato su paso en falso

Pese a cortar su racha de ocho victorias consecutivas con un deslucido empate 1 a 1 ante Chicago, el triunfo de Vélez sobre Boca dejó al equipo de Núñez como único puntero
Cristian Grosso
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5 de mayo de 2003  

Ese empate en un gol era una derrota camuflada. Con el previsible abatimiento que invade a un equipo que se sabe superior, pero no consigue demostrarlo. Ni las estadísticas que sugerían mucho, ni un corazón tan fortalecido que últimamente no admitía resignaciones habían podido apuntalar la descolorida producción de River. La igualdad en el Monumental ofrecía diferentes rebotes . Porque Nueva Chicago disfrutaba de un punto tan útil para su cosecha desesperada y hasta gozaba tras haber defendido un historial que aún es favorable ante los millonarios. River parecía vencido. Y la desazón amenazaba con profundizarse porque, tal vez, este paso en falso podía facilitar una escapada en la vanguardia de su archirrival.

Pero en este increíble mundillo del fútbol, donde el cielo y el infierno, o el delirio y la decepción juegan a tocarse, a entrometerse, el alivio para River llegó un par de horas después desde Liniers. La punta no solo seguía a salvo, sino que, además, ahora podía lucirla en soledad. Por primera vez en el Clausura. Un domingo de carambolas futbolísticas le permitía al conjunto de Manuel Pellegrini recuperar el aliento. Claro que era consecuencia indirecta de la gentileza de Vélez. River lo vivió como un desahogo porque su producción frente a la formación del barrio de Mataderos le había cortado la respiración.

Ni el aplomo colectivo ni el brillo individual ni la convicción por una idea de juego. River prematuramente presentó su amnesia futbolística. Y las emociones que abrieron el encuentro se limitaron a un espejismo. Lucho González habilitó a Cavenaghi y el mano a mano lo tapó Orcellet con los pies. Enseguida, Carreño desbordó por la derecha y lanzó un centro que cabeceó Ceballos y la pelota rebotó en el travesaño. Después, demasiada confusión. Porque los visitantes opusieron orden y con la posición de Carreño casi como un wing derecho obligaron a Zapata a retroceder hasta armar una defensa de cuatro jugadores. Errático D«Alessandro, Husain y Pereyra tuvieron mucho protagonismo en el traslado del balón. Y esto fue garantía de desaciertos. Las llegadas se redujeron a remates de media distancia de D«Alessandro, Luis González y Amaya.

La falta de explosión y de apariciones por los costados impulsaron al DT Pellegrini a colocar a Coudet por Pereyra desde el primer minuto de la etapa final. River amenazó con volver a ser el conjunto práctico e implacable que desde hace algunos meses se había acostumbrado a sentenciar los pleitos en las segundos tiempos. Una aceitada combinación entre D«Alessandro y Lucho colocó a Cavenaghi frente al rápido achique de Orcellet y la definición se perdió por arriba del travesaño. Poco después, González asistió a Garcé y un cabezazo de Fernando Cavenaghi cambió ese centro por gol. Y con la ventaja, River se confió. Creyó que el cotejo estaba resuelto y se equivocó. Nueva Chicago no se resignó, tanto que la igualdad la pudo alcanzar enseguida si Diego Ceballos no pifiaba una habilitación de Ariel Carreño.

Apagado D«Alessandro, sustituido el agotado González, River fue incapaz de darle criterio a su juego para aprovechar la ventaja. Entonces, apareció José María Buljubasich para complicar lo que en Núñez suponían terminado: mal ubicado, lento de reacción y con las manos débiles, el arquero no resolvió el disparo desde lejos de Ezequiel Amaya que se convirtió en gol. Ahí, los locales desnudarían su falta de recursos para poner a apuros al equipo de Gorosito. River se desesperó y chocó. Coudet ensayó un derechazo salvador, pero Orcellet clausuró el arco. Hundirse en la decepción parecía un destino inexorable para River. Vélez lo rescató.

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