Abrazos, lágrimas, locura, en una tarde para el recuerdo

Para los que estuvieron en Liniers fue un recuerdo imborrable que guardarán por siempre
(0)
28 de diciembre de 2001  

Los brazos y las lágrimas parten hacia los mismos minutos de felicidad. El grito contenido durante 35 años desborda en llanto todo escenario posible para la emoción. Los que están en Liniers se sienten parte de una historia para siempre imborrable. Los jugadores ingresan en ella de cabeza. También Mostaza Merlo. Y por supuesto los hinchas, los que más pagaron por los años de abstinencia. Los de más edad, porque ya no creían que una tarde de gloría podía repetirse. Los más jóvenes, porque no pueden entender lo que les está pasando.

A las 19.19 de ayer, Racing se devolvió a una vuelta olímpica. Zumban las bombas de artificio y las luces de colores detrás de los que realmente fueron los hacedores de este título. A Reinaldo Mostaza Merlo le dan tiempo para peinarse su cabello teñido y luego lo llevan en andas. A las cabezas de los jugadores las visten con gorros y banderas de todo tipo. Tres vueltas al campo de juego y otras tantas zambullidas sobre el césped son las postales por este final de campaña inolvidable.

Cada lugar ocupado por un hincha de Racing queda inmortalizado por la mirada al suelo y el llanto. Todos lloran, absolutamente todos. No pueden juntar sílabas mientras los gladiadores de Mostaza vuelven al campo de juego, ya sin ropa, para comenzar con la más ansiada vuelta olímpica. Los cuerpos de los racinguistas encajan sin necesidad de explicaciones; entran en los mismos recuerdos y salen hacia los mismos cánticos. “Vamos por la gloria”, es el pedido en forma de bandera desde la popular de Racing.

El cielo empezaba a empañarse pero el fervor terminó por soportarlo todo. Antes del comienzo del partido, varias orquestas de bombos ejercitan sus truenos. Se guarecen bajo algunos toldos ubicados sobre la avenida Juan B. Justo para evitar el granizo.

“Que de la mano, del paso a paso, todos la vuelta vamos a dar”, es el tributo para Merlo. Por todos lados hay filas interminables. Para llegar al momento deseado por años hay que posicionarse lo mejor posible entre los huecos ocasionales de los ingresos. Un hombre sudoroso, con los pies tapados de agua, puja por tocar a Juan José Pizzuti, delante del portón de acceso a la platea alta norte del estadio de Vélez.

“José, lo toco para ver si esta vez se puede dar. Como usted fue el último que nos sacó campeón...”, admite el hincha, que se jacta de haber estado en la tarde del 20 de noviembre de 1966, cuando la Academia consiguió el título ante Gimnasia.

Un plateísta de Racing es fácil de identificar por Liniers. Con una filmadora o una cámara de fotos en una mano y una estampita o algún que otro amuleto en la otra. Claro, nunca tan cerca de la gloria como ayer. Quizá por eso les prendieron velas a todos los santos posibles. Cristina Marcellino, de Mataderos, contiene con la mano derecha el matorral de nerviosismo de su marido Carlos. Con los dedos de la otra mano apretuja una imagen de la Virgen de Luján y llora sobre ella por algún recuerdo del pasado. “Lloro por mi papá Francisco –aclara–. Era fanático de Racing y después del 66 nunca más lo vio campeón.”

Es un estadio vedado para el relajo. El nerviosismo de los 30.000 hinchas de Racing en Vélez brota con cada acción de sus jugadores y con cada anuncio de gol que amenaza desde el Monumental. Poco después del cabezazo de Loeschbor se escucha el primer Dale Campeón de la tarde, más precisamente a los 18 minutos del segundo tiempo. “¿Cómo la ves?”, consulta una tonada cordobesa después del empate de Vélez. “Como Racing, siempre sufriendo”, contesta otra, una de las 50 que ayer llegaron desde la filial de Córdoba.

Las notas de la fiesta académica no se olvidan de su clásico rival: Independiente. Le dedican un minuto de silencio. Pero la alegría no termina nunca. Con las remeras al viento, gritan con sus jugadores y por ellos. La historia pasó junto a ellos y no la dejaron partir sin tocarla. Cada uno, desde su lugar, regó de euforia acorde con su sentimiento.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.