Adiós sin gloria Inglaterra

Por Daniel Arucci Enviado especial
Por Daniel Arucci Enviado especial
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22 de junio de 2002  

SHIZUOKA, Japón.- Algunos, muy pocos, intentaron irse de la cancha rápidamente, pero Eriksson les pidió que volvieran, que se juntaran todos sobre el campo. Les Ferdinand parecía ser el más golpeado, sentado sobre el césped, sin camiseta, con la cabeza casi entre las piernas. Se juntaron, como sus primos del rugby en un scrum, y de pronto se despegó David Beckham, que minutos antes había cambiado su camiseta con Roberto Carlos, despidiéndose los dos con un fuerte y afectuoso abrazo. Con un gesto, invitó a todos sus compañeros hacia un costado, para iniciar algo parecido a una vuelta olímpica, pero sin victoria.

Aplaudiendo, con las manos levantadas apenas sobre sus cabezas, recorrieron todo el perímetro del imponente Ecopa y recibieron una respuesta parecida desde las tribunas. Cuando llegaron a la cabecera donde se encontraba la mayoría de los hinchas ingleses -había por todos lados, en realidad, mezclados entre brasileños que también aplaudían y japoneses que, por supuesto, se sumaban- bajó desde allí la ovación más fuerte, con la forma del himno de siempre, con perdón de la textualidad y permiso de la fonética: "In-gue-land, In-gue-land, In-gue-land...".

El gesto podría interpretarse de infinitas maneras, pero se pareció más que nada a un pedido de disculpas, a un reconocimiento de las carencias propias a la hora de evitar una nueva frustración para una ilusión tan masiva.

La parábola de la actuación de Inglaterra en este Mundial de Corea-Japón 2002 que ya acabó para ellos, en cambio, puede definirse con claridad, paso por paso: se llenó de dudas después del primero, contra Suecia; se convenció de que podía ir más allá tras el segundo, ante la Argentina, claro; no perdió la calma en el tercero, trámite frente a Nigeria; se destapó en el cuarto, goleada a Dinamarca; y se descubrió, finalmente, en el quinto, cuando no pudo con Brasil.

¿Qué es lo que se descubrió, justamente, en la despedida? Que no podía consigo misma, que no le alcanzaba con todo lo bueno que tenía para compensar todo lo malo que sufría.

Inglaterra tuvo, seguramente, a la mejor pareja de marcadores centrales de todo el torneo: Sol Campbell y Les Ferdinand brillaron y sostuvieron con sus enormes cuerpos todo el peso de un equipo que hizo de la defensa su arma (y se sabe, las armas son peligrosas, aun para quien las porta). Tuvo, también, la insinuación de un medio campo que parecía combinar lucha con juego, en los nombres de Beckham, Scholes, Butt y Sinclair. Y tuvo, por momentos, los chispazos de Owen.

Pero Inglaterra sufrió, como tantos otros equipos, la cárcel a la que la sometió su propia esquematización. Pocas veces -casi nunca, en realidad- fue capaz de zafarse de su mentalidad conservadora, de su defensivismo a ultranza, que terminó condenando la posible creatividad de Beckham y la probable contundencia de Owen. Ambos se quedaron con ganas de tomarse la revancha que se deben desde el Mundial anterior, cuando fueron los grandes perdedores -uno porque hizo todo mal, el otro porque había hecho todo bien- de aquella heroica noche de los argentinos en Saint Etienne.

Tan mezquino fue Sven Goran Eriksson con su propuesta que no se animó a sumar delanteros hasta que el agua le llegó al cuello y, quizá peor por su significado, lo dejó a Owen sin la oportunidad de defender desde adentro de la cancha el desquite que tanto buscaba.

Ahora, tras esa vuelta olímpica de la derrota, se van con la certeza de haber contado con el mayor apoyo masivo de sus infinitos admiradores japoneses y con el dato de haber tenido al personaje del campeonato. Pero, como decía el amigo Michel Platini a propósito del blondo con raro peinado nuevo, "mejor hablar de fútbol".

Seaman: "Quiero pedir perdón"

SHIZUOKA,Japón (De nuestros enviados especiales).- El arquero David Seaman fue el más abatido de los jugadores ingleses. El gol de Ronaldinho es un golpe grande para él. Lo asumió con grandeza: "Lo principal es que les quiero pedir perdón a todos los aficionados ingleses", dijo en lo que sería su amarga despedida del seleccionado inglés.

"Esto lo recordaré por el resto de mi vida. La imagen de este gol me perseguirá siempre", añadió desconsolado.

Seaman jugó en Corea-Japón su tercer Mundial, seguramente el último por sus 38 años. "No lo culpen", suplicó David Beckham, al intentar consolarlo.

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