Adrián Bastía, el guerrero inclaudicable

Es un símbolo de la Academia y uno de los de mejor rendimiento en el Apertura
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28 de diciembre de 2001  

Es ese rubio de cabello larguísimo que parece estar en todos lados, que resulta implacable a la hora de cortar, quitar e insuflar ánimo en los pechos de sus jugadores y de los hinchas. Es el león del medio campo del Racing campeón, uno de los artífices de que el sueño que parecía imposible se haya concretado, por fin. Es, también, junto con Gustavo Campagnuolo, el jugador con mejor promedio en la Academia según las puntuaciones de La Nacion. Es Adrián Jesús Bastía, un símbolo del equipo de Reinaldo Merlo.

“No creo ser el ídolo de la gente de Racing. Es el equipo el que se lleva todo el mérito. La verdad es que lo que hay que rescatar de este plantel es la entrega, una de las claves para lograr este título. Esto es lo mejor que me pasó en la vida. Personalmente es como que todavía no caí, pero con el transcurrir de los días tomaré más conciencia. Pensé mucho en mi familia cuando daba la vuelta olímpica. Lo soñé muchas veces esto, pero nunca llegué a imaginar que sería algo tan fuerte”, dijo tras la consagración el Polaco, nacido en Gobernador Crespo, Santa Fe (a unos treinta kilómetros de Rosario), el 20 de diciembre de 1978.

Bastía supo lo que fue pasar los momentos más duros en el club. Está en Racing desde las inferiores y en la pensión vivió horas que ahora son imborrables para él. Allí nació un entrañable vínculo con la recordada Tita Mattiussi. “Cuando vi la cancha así y cómo estaba la gente, me acordé mucho de ella. Tita siempre se sintió presente entre nosotros, sé que nos ayudó mucho en todo esto. Por eso este triunfo se lo dedicamos a ella.”

Pone garra, traba con fuerza y la deja al pie de un compañero. Rearma el equipo para salir del fondo y sigue. “Acá somos 26 profesionales, y cada uno aportó lo suyo. Y dio lo mejor. Por eso se alcanzó el campeonato. Creo que Racing fue el mejor equipo del Apertura. Quedó demostrado, me parece. Por ahí no con el brillo de otros campeones, pero sí con el estilo que supo mostrar este equipo.”

No lo dirá nunca, pero es uno de los preferidos de Reinaldo Merlo. Es que Bastía es un cultor del despliegue que identificó a Mostaza en los campos de juego. Y adhirió siempre al “paso a paso” que el entrenador estampó como marca registrada en el avance del equipo hacia el título. “Nosotros adoptamos la misma postura que él, porque coincidimos con su mesura. Para Racing, después de tanto tiempo que no conseguía el título, cada partido era una final. Por eso había que ir paso a paso, como bien decía Mostaza.”

En ese vestuario rebosante de alegría también habló del encuentro que significó la consagración.

“El partido fue muy parejo. Vélez es un equipo muy duro. No me preocupé demasiado por lo que podía pasar, porque el desarrollo siempre fue nuestro. Siempre fuimos arriba... Bueno, la verdad es que con el empate un poquitito nos asustamos, je.”

Y por supuesto no se olvidó del sostén fundamental del equipo: el apoyo de la legión de hinchas.

“Es una locura ver a toda esta gente. Ellos fueron parte muy importante de todo esto, también. Yo hace mucho tiempo que estoy en el club y la gente de Racing siempre nos apoyó en las malas. Y en ésta, más todavía. Por eso lo tienen que disfrutar tanto como lo estoy disfrutando yo.”

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