Ahí está Turquía

El gol de oro de Mansiz en el comienzo del alargue, para vencer por 1 a 0 a Senegal, sirvió para confirmar su gran marcha en el campeonato; con solidez, equilibrio y entrega, llegó a las semifinales; ahora intentará completar su notable campaña ante Brasil, que le ganó en el debut con un penal que no fue
El gol de oro de Mansiz en el comienzo del alargue, para vencer por 1 a 0 a Senegal, sirvió para confirmar su gran marcha en el campeonato; con solidez, equilibrio y entrega, llegó a las semifinales; ahora intentará completar su notable campaña ante Brasil, que le ganó en el debut con un penal que no fue
Claudio Mauri
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23 de junio de 2002  

OSAKA, Japón.– Ahora que la mayoría de las potencias europeas cayó en desgracia en este Mundial, la pujante y ascendente Turquía, sin el cartel ni las luminarias que acompañan a los referentes centrales del Viejo Continente, pegó el gran salto. Con sobrados merecimientos, se metió entre los cuatro primeros del mundo. Lo hizo eliminando a Senegal, el equipo que había captado las preferencias de muchísimos hinchas independientes, pero que ayer estuvo lejos de transmitir la frescura y la desinhibición que se le adjudica a parte del fútbol africano. Sólo se dedicó a aguantar y la derrota fue un castigo a un planteo demasiado conservador, con sus tres perlas de ataque, Fadiga, Camara y Diouf, jugándose la heroica en contraataques que tuvieron más insinuaciones que real peligro. Así cayó con justicia por 1 a 0, con gol de oro de Mansiz.

El conjunto de Gunes resultó superior por funcionamiento, iniciativa y generación de situaciones de gol. Hasta ahí todo bien, pero fallaba en la definición, en la última puntada. Y ya se sabe que una supremacía sin contundencia puede ser un pecado capital en el fútbol. Debía solucionar ese tema para completar su noche inolvidable. El acierto que no se producía en el campo debía provenir desde el banco de los suplentes. Y ese momento llegó cuando el técnico tomó la sabia decisión de no darle más minutos al impresentable Sukur, un delantero que puede presumir de estar en el calcio –pertenece a Parma y antes pasó por Inter–, pero que parecía más un intrascendente atacante de la cuarta división turca. Desperdició tres ocasiones netas en el primer tiempo, cumpliendo a la perfección el papel de estatua. Una vez, la pelota le pasó por debajo de la suela cuando estaba solo delante del arco; en las otras mostró una lentitud exasperante para llegar a buenas habilitaciones.

Por más que fuera el capitán y el símbolo, se imponía el reemplazo de Sukur. Esta hipótesis tuvo su tesis demostrativa con el ingreso de Mansiz, que fue el héroe de la clasificación. Lo consiguió haciendo todo el trabajo del que se había desentendido Sukur. El contraste se completó cuando fue a buscar el buen centro de Davala y definió con categoría, al cambiar la trayectoria de la pelota hacia el segundo palo con un toque suave.

Era el premio a Mansiz y también a un seleccionado que fue compacto, que hizo un partido muy serio y concentrado, sin sentir la presión de estar jugando un cotejo que puso a Turquía en lo más alto de su historia. No es un seleccionado que llame la atención por sus figuras, pero le sobran hombres que conocen bien los fundamentos básicos de este juego: correr, marcar y pasar la pelota. Y no cayó en los excesos y brusquedades de otras jornadas, en las que se convirtió el equipo con más amonestados (13) y expulsados (2).

Senegal pareció demasiado apagado y timorato, como si ante Suecia hubiese tocado un techo del que se bajó enseguida, situación que no desacredita su buen torneo como debutante.

Ahora, Turquía volverá a encontrarse con Brasil, cuya condición de favorito debe ir acompañada del recuerdo de aquel penal a favor mal cobrado que necesitó para ganar en los últimos minutos. Con el único antecedente de haber participado en el Mundial 54 gracias al beneficio de un sorteo, Turquía vive su hora imborrable por méritos propios. Un país que, en febrero de 2001, se anticipó a la Argentina en su aguda crisis económica, pero que a diferencia de nuestra frustración oriental, ahora tiene motivos para que las calles de Estambul sean una fiesta.

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