Ahora sí, le tienen fe

Por Luis Esnal Corresponsal en Brasil
Por Luis Esnal Corresponsal en Brasil
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22 de junio de 2002  

SAN PABLO.- ¿Quién era el brasileño que decía que la selección verde amarelo no podía ganarle a nadie? Ayer a la madrugada, en medio de bombas y bocinazos, era imposible encontrarlo. Parecía no quedar ni uno de aquellos 170 millones de brasileños que criticaban a Scolari por convocar a Ronaldo con su rodilla maltrecha, por tener una defensa mala o un medio campo desorganizado. Era pura alegría.

Las patéticas eliminatorias, que dejaron a Brasil casi al borde de no participar del Mundial, eran historia. °Lo que importa es el presente!, parecían decir los miles de directores técnicos que vaticinaban un bochorno para esta Copa -en Brasil igual que en la Argentina, hay un director técnico por habitante-.

Los jugadores se convirtieron en héroes para los medios y la gente, que consideraban el partido perdido. "Si Inglaterra había eliminado a la Argentina, que era la favorita, imaginate si íbamos a esperar ganarle nosotros", le comentaba ayer a este cronista un colega brasileño.

La cantidad de fuegos artificiales que se podía ver ayer desde las ventanas de los edificios convirtió a la madrugada del viernes en un 31 de diciembre a la noche. La gente prendía y apagaba las luces de los edificios, convirtiéndolos en arbolitos de Navidad gigantes. Todo el mundo quería compartir la alegría.

Vecinos pacatos se saludaban de ventana a ventana, agitando banderas verde y amarillas, sacadas de los cajones a los apurones tras las últimas dos victorias.

Media hora después del final del partido seguían explotando bombas y fuegos artificiales. Por la mañana, las cornetas aún se alternaban con los bocinazos. Quien tenía camiseta de la selección la vistió con orgullo.

Ayer a nadie parecía importarle la crisis financiera. La victoria instituyó un feriado virtual. Muchas empresas permitieron que sus empleados, desvelados, llegaran después del mediodía. Los que no pudieron hacerlo se pasearon felices, con cara de sueño, hablando sólo del partido. El partido, el partido, el partido. No había otro tema ayer en Brasil para quien no tenía que preocuparse por la cotización del real.

Parecía que los brasileños querían demostrar que la alegría por ganarle a Inglaterra era infinita, pero ganarle dándole vuelta el partido era, sencillamente, una locura.

La TV Globo, que transmitía el partido, informó que tuvo el mayor rating de toda su historia en una madrugada. Llegó a marcar picos de 72 puntos, cuando el programa de TV más visto en el horario central rara vez supera los 55 puntos.

Los diarios, en tanto, dijeron cosas como Ahora sólo le faltan dos partidos para ser campeón (O Estado de S‹o Paulo); El talento y el brillo de Rivaldo y Ronaldinho Gaúcho decidieron el principal enfrentamiento de Brasil en el Mundial (Folha de S‹o Paulo); En el duelo entre los astros Ronaldo y Beckham, el atacante Ronaldinho Gaúcho se robó la escena (Lance!), mientras que O Globo elogió la resistencia tanto de la defensa como la de todo el equipo ante la fuerte presión inglesa.

Tanta decepción había con esta selección (hasta las recientes victorias) que los medios de comunicación brasileños enviaron a Japón y Corea la mitad de los periodistas, fotógrafos y camarógrafos que habían enviado al Mundial de Francia. Ahora, los gritos de pen-ta-cam-peaooo están volviendo a sonar fuerte, como un alarido de furia contenida por cuatro años. Mientras se pellizcan para ver si todo no se trata más que de un sueño de madrugada.

Al calor de los hinchas

SHIZUOKA (De nuestros enviados especiales).- La alegría, además de vivirse en todo el territorio brasileño, también estuvo presente en el estadio donde unos 3000 torcedores disfrutaron con la remontada del scratch ante los ingleses, que luego se sumaron -ya fuera de las tribunas- a aquellos que no consiguieron su entrada.

El día soleado favoreció el desfile de bellezas al ritmo del samba, con torsos livianos de ropa y ombligos sugestivamente expuestos. Los hombres no se quedaron atrás. Y los japoneses y japonesas imitaron la estimulante costumbre de las garotas y garotos , con lo cual el jolgorio fue generalizado entre los visitantes.

Sí, porque, como sucedió en todos los partidos que disputó Inglaterra, en las tribunas, los equipos rivales fueron siempre visitantes.

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