Ajeno a las polémicas: en la cancha, Brasil no dejó dudas para clasificarse a octavos

Venció 3 a 1 a Costa de Marfil y pasó a la segunda rueda, en un partido en el que el protagonista fue el árbitro, que convalidó un gol de Luis Fabiano, que había cometido mano, dejó pegar a los africanos y terminó expulsando a Kaká.
Nicolás Balinotti
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21 de junio de 2010  • 01:54
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JOHANNESBURGO.- A la gran industria del fútbol se le debe haber dibujado una sonrisa después del gran triunfo brasileño. En un Mundial devorado por algunos absurdos, tal vez como los de Italia y Francia, imaginar tan pronto a Brasil sucumbir en aprietos hubiera sido demasiado escandaloso para la FIFA. Pero más allá de un juego de lógica y especulación, el torneo encontró un equipo con fútbol filarmónico. La Copa recuperó a un grande que estaba de siesta y que se despertó a tiempo con un repertorio que aún puede sonar más afinado. Una lástima, después de esta victoria, la expulsión de Kaká.

Después de superar 3 a 1 a Costa de Marfil, Brasil puede jactarse de que logró la clasificación con anticipación en un grupo de pesos pesados. Le resta jugar con Portugal, el viernes que viene, en el que será un partido determinante para definir los cruces de octavos de final, en los que podría darse un duelo tremendo entre brasileños y españoles.

Si la victoria con Corea del Norte estuvo guiada por la presunción no fue el caso de este triunfo ante Costa de Marfil. Se preveía una noche de riesgos. Sin embargo, Brasil simplificó el juego con personalidad, algunos chispazos de Kaká y la presencia goleadora de Luis Fabiano.

Costa de Marfil fue un equipo inexpresivo, algo frágil en defensa y que abusó de patadas exageradas. El equipo africano debió haber terminado con algún expulsado, no Brasil.

Si en el primer gol Luis Fabiano definió con un bombazo infernal, en el segundo se destacó con algún ribete decorativo, además de ayudarse a bajar la pelota con el brazo. El árbitro francés Stephane Lannoy se hizo el zonzo, como en varias acciones bruscas que merecieron advertencias o sanciones. A tono con los escándalos de su país, hizo de su arbitraje el peor del Mundial, a pesar de haber acertado en la sanción a Kaká tras un codazo a Keita.

Brasil recuperó por momentos lo mejor del juego de Kaká, que participó con dos genialidades en dos de los tres goles. En el primero encontró en Robinho a un socio y habilitó fino a Luis Fabiano. Mientras que en el tercero asistió a Elano, que debió irse lesionado por un foul bestial de Tiote.

En el balance en tinta de Dunga, además, figuran entre los puntos positivos la aparición goleadora de Luis Fabiano y la solidez de una defensa casi sin grietas, con Lucio y Juan como estandartes. El trabajo de la defensa no se vio empañado ni siquiera con el descuento de Drgoba, a 12 minutos del final.

La expulsión de Kaká ensució el triunfo de Brasil, que cambió el overol del partido de presentación por un traje a tono para una orquesta. Si bien aún le falta mejorar, para Brasil el Mundial recién comienza ahora.

Buen marco. El partido se jugó con apenas menos gente que en el inaugural. Hubo 85 mil espectadores, entre los que se destacaron el presidente sudafricano, Jacob Zuma, y los ex futbolistas Zinedine Zidane y Luis Figo, quienes vieron el partido juntos.

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