Al final, Boca cambió a Bianchi

Christian Leblebidjian
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15 de diciembre de 2001  

Hay situaciones y momentos en que a una persona la cambian. Sobre todo en experiencias que están estrechamente ligadas a la pasión, donde los sentimientos no pueden medirse con la razón. Por eso, ni en sus más remotos sueños, Carlos Bianchi pensó la noche anterior al 25 de mayo de 1998, fecha en que Mauricio Macri lo presentó en la Bombonera como el nuevo DT xeneize, que aquella persona que de chico llegó a coquetear con River y que después se formó en Vélez, en tres años y medio de gestión iba a conseguir el título de "mejor entrenador en la historia de Boca".

No fueron sólo los seis campeonatos conseguidos (Apertura 98, Clausura 99, Apertura 2000, Copa Libertadores 2000 y 2001 y Copa Europeo-Sudamericana 2000), sino el feeling que generó con los hinchas y los jugadores. Y porque más allá de que se pueda estar de acuerdo o no, tiene un estilo de conducción definido.

"Yo tengo las ideas claras y a mí Boca no me va a cambiar" , fue lo primero que dijo. "No voy a decir que soy hincha de Boca ni tampoco prometer títulos. Lo único que prometo es trabajo y que voy a pensar las 24 horas en Boca", agregó en aquella conferencia de prensa.

Con el tiempo, Bianchi se dio cuenta de que con "la familia boquense" tiene más similitudes de las que él pensaba y dejó frases como: "me da placer dirigir a Boca y que la Bombonera esté siempre llena" , en octubre de 1999, o "yo vivo los partidos a full y espero dirigir mil partidos a Boca" , cuando llegó a los 100 encuentros en el banco xeneize, en enero de 2000, o "no hay ningún hincha de Boca que quiera que el equipo gane más que yo" , en abril de 2000, o "elegí el partido con Independiente para despedirme porque es un placer que me quiero dar", en los últimos días.

Igualmente, el quiebre sucedió el 23 de septiembre último, cuando Bianchi se cruzó con Macri en la conferencia de prensa, tras anunciar su alejamiento luego de la victoria sobre Lanús por 6 a 1. Ahí se emocionó por el afecto que recibió de la gente, pensó en su familia, en sus nietos, Louis Alexandre y Paul Nicolás, fanáticos de Boca, y pensó en quedarse, pero sabía que la relación con algunos dirigentes no tenía retorno.

Hoy se niega a utilizar la frase "ciclo cumplido" porque aún le dura la bronca por tener que irse. Tanto, que todavía no se despidió -lo hará mañana ante Independiente- y ya dejó en claro que volverá, que su historia en Boca tendrá un nuevo capítulo. También piensa que no se ve dirigiendo a River y les pidió a los hinchas que apoyen al nuevo cuerpo técnico que lo reemplace.

Bianchi no se imagina cómo será la despedida ante Independiente, así como tampoco imaginó todo lo que le tocó vivir. Es que sabe interiormente que el camino que transitó por la Bombonera fue único, y que, al final, Boca lo cambió.. .

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