Alemania, con el peso de la historia

El seleccionado germano avanzó a la final tras vencer por 1 a 0 a Corea del Sur, que quedó resignado a jugar por el tercer puesto; al ganador le alcanzó con la potencia y la disciplina
El seleccionado germano avanzó a la final tras vencer por 1 a 0 a Corea del Sur, que quedó resignado a jugar por el tercer puesto; al ganador le alcanzó con la potencia y la disciplina
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25 de junio de 2002  • 11:33

SEUL.- El peso de la historia suele poner las cosas en su lugar. Empalagados, los miles de hinchas coreanos que viajaron durante este mes de sorpresa en sorpresa, inundando calles y poblando todo de rojo, tocaron la realidad con sus pies. Bien lejos llegaron, pero encontraron su techo. Alemania, sin el prestigio individual de otras épocas, se las arregla con la potencia, el orden, la disciplina. Así, aferrado a su rica historia, el seleccionado germano venció a los coreanos por 1 a 0 y llegó a la final.

Arrancó entretenido, pero fue sólo un espejismo. Corea del Sur puso tres delanteros (ausente Ahn, lesionado) y tuvo actitud generosa y audaz, sin respetar tanto a Alemania.

Quedaron bien claros los esquemas de ambos, con limitaciones y un puñado de virtudes que no alcanzaron para tapar los bostezos. Alemania, con pocas grietas defensivas y buscando (y extrañando, porque sólo anotó en los primeros tres partidos) la cabeza del polaco Miroslav Klose; apostando a algún arresto del movedizo Neuville, y sumando a los volantes al área rival cuando obtenía una pelota parada en su favor.

Los coreanos desplegaron esa velocidad y vértigo que no siempre se traducen en riesgo para el adversario. Apenas en el comienzo inquietaron a los germanos con una aparición por la derecha de Cha y el remate de Chun Soo Lee, que encontró la enorme figura de Oliver Kahn para evitar la caída de su arco: con una mano, algo tapado, el guardavallas sacó la más clara del primer tiempo.

Después, Kahn la tuvo fácil ante un disparo de Song y el contraataque le dio a Alemania la acción más clara: Neuville ganó en velocidad y dejó su tiro en las manos del arquero coreano.

A partir de ese momento, el ritmo del partido bajó notoriamente y la pelota tuvo vía libre sólo por la mitad de la cancha. Alemania apostó al juego aéreo, pero no sacó diferencias. Unicamente tuvo una posibilidad con Bode, que pifió tras un córner y la pelota terminó pegándole en la mano.

Con mayor vértigo, el desgaste de Alemania empezó a inclinar la balanza en el segundo tiempo. El conjunto germano puso sus fichas en algo distinto y lo encontró. Antes de la media hora, desbordó Neuville, el único jugador que tuvo distinción en el ataque alemán. Tiró el centro atrás y Ballack probó dos veces: el primer intento rebotó en Woon Jae Lee, pero el rebote terminó en gol.

El público coreano no lo podía creer. Para colmo, los alemanes casi lo liquidan enseguida, cuando un tiro libre fortísimo de Bode fue al córner gracias al gran esfuerzo del arquero coreano.

El egoísmo de Chun Soo Lee privó a los locales de ponerse en ventaja. Y tras el gol alemán, el pie derecho de Park desvió la última aproximación coreana.

No pudo ser. Alemania expuso su historia y llegó a un lugar que siempre lo tiene en cuenta.

Völler, por otra Copa

Como futbolista, el ahora DT Rudi Völler fue campeón en 1990 y subcampeón en 1986. Pretende igualar los logros de su compatriota Franz Beckenbauer y del brasileño Mario Zagallo, que ganaron la Copa como jugador y técnico.

Ballack, gol y despedida

Michael Ballack, que marcó el gol del triunfo de Alemania, recibió la segunda tarjeta amarilla, por lo que no podrá disputar la final el domingo próximo.

Secuestran una bandera

Fuerzas de seguridad surcoreanas secuestraron una bandera con la cruz gamada nazi que había sido colocada en las tribunas antes del partido.

Corea, de local

El seleccionado coreano no salió de su país durante el Campeonato Mundial 2002. El sábado próximo, el cotejo por el tercer lugar, lo disputará en Daegu.

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