Análisis táctico: otro Boca (otro River) y el tiro libre N° 14

Christian Leblebidjian
Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
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23 de octubre de 2019  • 00:00

Otro Boca, otro River. El equipo de Gallardo llegó a una nueva final de Copa Libertadores merecidamente y por el juego desplegado en la ida en Núñez. Pero el contexto del superclásico fue otro, bastante distinto. Y en el tercer partido, Boca empezó a disputar las divididas en campo rival. Gustavo Alfaro, obligado por el resultado de la ida, tomó riesgos. Pese a que jugó con un sistema 4-4-1-1 (que a priori puede parecer defensivo), el equipo de la Ribera decidió defender mano a mano en el fondo: Lisandro López vs. Matías Suárez e Izquierdoz vs. Borré. Los dos centrales jugaron un partidazo. El equipo xeneize se paró más adelante en el campo de juego, no esperó para intentar recuperar más cerca de Andrada; sino que buscó jugar el partido de igual a igual.

Tal fue así que tuvo una mayor posesión del balón que River (50,4% contra 49,6% en el primer tiempo; y 56,9% contra 43,1% en el segundo período, según los datos de Opta). La diferencia fue ínfima, pero en relación a cómo el equipo de Gallardo había dominado la posesión en los dos clásicos anteriores, fue un indicio que el desarrollo de la Bombonera fue distinto.

De la Cruz, uno de los mejores de River en la Bombonera.
De la Cruz, uno de los mejores de River en la Bombonera. Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Para eso, fue clave el respaldo de los volantes. Empezando por Tevez, que actuó por detrás de Ábila como mediapunta, siguiendo por Salvio, Mac Allister y, sobre todo, Almendra. El juvenil que casi no tenía experiencia internacional fue clave para atacar esas "segundas pelotas". Por que quitó 8 balones en el primer tiempo y además jugó, fue nexo en el intento de ataque vertical.

Tener más presencia en las divididas no solo le posibilitó a Boca tener más tenencia, sino que así ganó varias infracciones que le sirvieron como pelotas paradas que cayeron sobre el área de Armani. Así convirtió un gol que fue bien anulado por mano, pero también ganó por arriba en otras acciones que pudieron ser más peligrosas. En el tiro libre ofensivo N° 14 llegó el gol de Hurtado. Y, en el 15, Mas tuvo el 2-0.

Alfaro apostó por Tevez: el 10 tuvo un nivel discreto.
Alfaro apostó por Tevez: el 10 tuvo un nivel discreto. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

En el segundo tiempo, Boca siguió siendo más (y ganando las divididas). Alfaro apostó lo que tenía: Zárate por Almendra y Hurtado por Ábila. Jugó 4-3-1-2, con una línea de 3 volantes: Salvio, Marcone y Mac Allister (más tarde, Villa); Tevez de enlace y arriba, Zárate y Hurtado. Atrás, Lisandro López e Izquierdoz (con muy buenos rendimientos) siguieron defendiendo mano a mano, hasta Buffarini hizo más parejo su duelo con De la Cruz. "Encaralo", le pedía Gallardo desde el banco al uruguayo, pero su desequilibrio se vio más en los primeros 45 minutos. Alfaro sacó al mejor jugador de la primera etapa a los 15 minutos, pero eso no le quitó dominio ni tenencia a Boca. Sí quedaba expuesto cada vez más a los contraataques de River.

Pero River se quedó más pensando en defender la diferencia conseguida en el Monumental. Boca por arriba tuvo el primero y pudo también tener el segundo. Boca fue otro (aunque pareció acordarse tarde). Y River también, pero le alcanzó lo hecho en la ida para acceder a otra final de la Copa Libertadores.

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