Argentina le ganó a Marruecos con gol de Correa, entre el viento y las patadas

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26 de marzo de 2019  • 18:12

TANGER (AFP) - El seleccionado argentino cerró la fecha FIFA con una victoria por 1-0 ante Marruecos que dejó bastantes puntos en el aire, y no solo por el viento que, por momentos, hizo imposible el normal desarrollo del juego. Sin Lionel Messi, y con un Paulo Dybala que todavía no despliega las alas con la camiseta celeste y blanca, el conjunto dirigido por Lionel Scaloni se impuso con un gol de Ángel Correa cuando faltaban ocho minutos para el final. Así, en Tánger, consiguió reponerse de la dura caída ante Venezuela por 3-1, el viernes pasado, en Madrid.

Con un esquema 4-4-2, la Argentina casi nunca consiguió imponerse. Es más, durante buena parte del encuentro, Marruecos dominó la posesión. Pese al triunfo, las dudas revolotean alrededor del plantel y de Scaloni de cara a la Copa América de Brasil.

El gol de Correa

En un amistoso deslucido, marcado por las fuertes ráfagas de viento (algunas mayores a los 50 kilómetros por hora) que impidieron un desarrollo normal del juego, Argentino intentó dejar atrás la ausencia de Lionel Messi. El capitán, vale recordarlo, no viajó al país africano por un problema muscular y regresó a Barcelona, aunque el entrenador Lionel Scaloni confirmó su participación en la Copa América de Brasil.

A las extrañas condiciones climáticas que conspiraron para ver un duelo al menos decoroso, se sumó un juego trabado, deslucido y poco vistoso, con muchas infracciones (48 en total, 27 cometidas por la Argentina) y discusiones entre los futbolistas. Al árbitro Janny Sikazwe, de Zambia, le faltó imponer autoridad ante algunos cruces desleales.

De Paul intenta escapar a la marca de Belhanda
De Paul intenta escapar a la marca de Belhanda Crédito: Gusatavo Ortiz /dpa

El fútbol fue un convidado de piedra. De a ratos, el cotejo se convirtió en una batalla campal. Abundaron patadas alevosas, codazos traicioneros y planchazos sin compasión. Después de cada fricción y de cada jugador derribado en forma violenta, los rivales se arremolinaban, con la ley malentendida del agresor vengativo a puro cachetazo, empujón e insulto, vaya uno a saber en qué idioma.

La multitud había alentado con sonoros cánticos a su escuadra, pero el pobre espectáculo apagó el fuego de las tribunas. En el primer tiempo, el público local se había entusiasmado con el juego asociado de Romain Saiss, los arranques de Younes Belhanda, la técnica de Sofiane Boufal y los toques cortos de Mbark Boussouffa.

Como único punta de lanza, Khalid Boutaib fue lo mejor de su equipo por movilidad y dinámica. Incluso tuvo la mejor chance cuando remató de frente al arco a las manos de Esteban Andrada.

La única lucecita que se encendía en el ataque albiceleste eran los pelotazos de De Paul, aunque Lautaro Martínez se empecinaba en chocar con el triángulo defensivo formado por Manuel da Costa, Benatia y El Ahmadi.

Paulo Dybala volvió a mostrarse todo el tiempo fuera de la órbita de sus compañeros, aislado, encaprichado en gambetas individualistas. Por lo tanto eran inútiles los disparos largos o las proyecciones laterales con potencia de Acuña. Todos parecían autitos chocadores.

Lautaro Martinez lucha entre Benatia y El Ahmadi; el delantero de Inter chocó constantemente contra los centrales africanos
Lautaro Martinez lucha entre Benatia y El Ahmadi; el delantero de Inter chocó constantemente contra los centrales africanos Crédito: Gusatavo Ortiz / dpa

La batalla táctica la ganaba el DT Hervé Renard sobre Scaloni, que hizo entrar a Matías Suárez por Martínez y a Ángel Correa por De Paul, para encontrar variantes de penetración en la defensa marroquí, cada vez más replegada.

Cuando Argentina intentó armar un cierto funcionamiento mediante la posesión de la pelota, cayó en la telaraña que fabricaba Marruecos, siempre con superioridad numérica, concentrado, eficaz para romper todo avance rival.

Pero la sorpresa fue el acierto de los cambios. Suárez fue quien habilitó a Correa para el gol. El jugador de Atlético de Madrid clavó un derechazo rasante junto al segundo palo, luego de entrar en el área y buscar su mejor perfil. Y en un duelo con poco para recordar, le permitió a la selección adueñarse del único festejo en la noche marroquí.

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