Arqueros, víctimas y culpables

Claudio Mauri
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29 de agosto de 2001  

Históricamente, el fútbol es uno de los deportes más conservadores en cuanto a las reglas. Desde sus orígenes, las modificaciones fueron mínimas, y siempre con la intención de que el espectáculo fuera más vivaz, cuestión de entretener un poco más a la clientela (el público) y, fundamentalmente, de conformar a los capataces que sólo se ocupan del show (la televisión y los auspiciantes).

Varios de estos cambios reglamentarios vinieron a complicarles la vida a los arqueros, que necesitan cada vez más de la optimización de sus recursos y virtudes naturales para compensar el desamparo en el que los fue dejando las nuevas normas. Si quieren impedir goles tendrán que arreglárselas como puedan , parece ser para los guardavallas el mensaje de los que necesitan el grito sagrado para vender el fútbol como producto.

Las complicaciones empezaron con los nuevos tipos de pelotas. Mucho más livianas -viajan como proyectiles- y fabricadas con materiales sintéticos que las hacen más difíciles de apresar. Después se acoplaron las nuevas reglas. La que no les permite agarrar con las manos la pelota cedida por un compañero los obligó a mejorar las destrezas con los pies. La imposición de soltar el balón antes de que se cumplan seis segundos de retención suele mostrarlos como desesperados que arrojan una bomba antes de que les estalle en las manos. Falta que les agranden el arco.

Quizá porque los reglamentos los fueron empujando a ser arqueros con funciones de hombre de campo, hoy muchos se sienten liberados para aventuras mayores, como ejecutar penales, tiros libres o ir a cabecear un córner en tiempo de descuento cuando su equipo pierde.

Esta expansión que muestran los números 1 no debería olvidar algunas cuestiones básicas y fundamentales del puesto, que están relacionadas directamente con la capacidad y que no han sufrido ninguna intromisión reglamentaria. El arranque del Apertura dejó una ristra de goles por el déficit de los guardavallas en el juego aéreo, ya sea porque se quedan petrificados y permiten que el adversario les tome el área, o porque fallan en el cálculo de tiempo y distancia y llegan tarde a cortar los centros.

Frangella, Abbondancieri, Cuenca, Vivaldo, Velázquez y Rocha son algunos de los que quedaron desacomodados en ese tipo de jugadas.Y en la salida en falso de Velázquez hubo que lamentar algo más importante que el gol recibido: la conmoción cerebral que sufrió Migliónico.

Esa intuición para el anticipo, que Amadeo Carrizo patentó con elegancia, Gatti prolongó con desparpajo y que hoy tiene en Córdoba y en Comizzo a sus continuadores más calificados, es la carencia que ahora propicia muchos goles. Y sin que se haya tenido que modificar ni una coma del reglamento.

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