Banfield: la derrota no le arruinó el día más importante de su historia

Más allá de la caída 2 a 0 ante Boca, fue campeón por primera vez en 113 años de vida; se benefició con el triunfo de San Lorenzo ante Newell’s; en la tarde de la consagración le faltó lo que fue su seña de identidad: contundencia en las dos áreas; pese a todo, su campaña es meritoria
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14 de diciembre de 2009  

Era el día más importante en los 113 años de vida de Banfield y no pasó en vano, sin dejar una huella indeleble en su historia. Lo esperó con ansiedad creciente en las últimas semanas, a medida que lo que había empezado en el invierno como una ilusión moderada se transformó a las puertas del verano en un sueño mayor, único, incomparable a todo lo que había visto y vivido hasta la tarde de este 13 de diciembre de 2009. Eso sí, no se pudo despegar de las paradojas que gobiernan al fútbol argentino: su día de mayor gloria, de festejo de campeón, vino acompañado por una derrota. Una circunstancia que al final fue anecdótica, pero que describe el carácter inestable e irregular de la competencia interna.

Más allá de lo ocurrido ayer en la Bombonera, Banfield es campeón por méritos propios. Porque hasta acá había construido una campaña respetable sin que nadie le regalara nada, aunque desde ayer le rinde un agradecimiento eterno a un tal Bordagaray, el delantero de San Lorenzo que posibilitó que la derrota frente a Boca no significara una desazón de proporciones tan grandes como por estas horas lo son las celebraciones.

Ahí están las 18 fechas anteriores de Banfield para contrarrestar su flojo partido en la Bombonera. Sus 41 puntos lo ponen por encima de los últimos dos campeones: Vélez (40) y Boca (39), y también un escalón arriba en la comparación con su clásico vecino, Lanús, que en 2007 dio la vuelta olímpica con 38 unidades. Cosechó tantos triunfos (12) como los dos que se consagraron en los doce meses anteriores. Y tiene al goleador, Silva (14), con una productividad sólo superada por dos (Sand y Denis) de los últimos nueve artilleros.

La tensión y la alta responsabilidad desdibujaron ayer lo que venía siendo una seña de identidad de Banfield: la eficacia en las dos áreas. Nunca fue un equipo con mucha elaboración del juego ni necesitó dominar ampliamente los partidos para que los buenos resultados le sonrieran. Pero en los extremos de la cancha, donde se definen los partidos, siempre fue resolutivo y no dio concesiones. Ayer no tuvo esos atributos. Se desgastó entre nervios, apuros e imprecisiones. Por segunda vez en el torneo recibió dos goles, como le había sucedido en la única derrota anterior, frente a Racing, y la pareja uruguaya de delanteros estuvo muy bien controlada por Cáceres y Paletta, quienes les cerraron todos los caminos y nunca se vieron desbordados en el cuerpo a cuerpo.

La concentración de Banfield hizo más de un viaje a Rosario, de donde desde temprano le llegaron excelentes noticias, mucho mejores que las que el equipo de Falcioni podía materializar. Pese al pobre rendimiento, Banfield perdió sin ser inferior a este Boca que no mostró muchas mejorías. Basile dispuso una formación que, especialmente en la línea media, en poco se parecerá a la que comenzará la competencia oficial de 2010.

Banfield se metió sólo en problemas, como el penal que Barraza le cometió a Gaitán por apurado e imprudente. Si algo positivo le quedó a Boca en este gris cierre de año es el reencuentro con el gol que tan inquieto tenía a Palermo. También en la columna del haber xeneize se puede contabilizar el apoyo irrestricto de sus hinchas, a los que no se les escapó una voz de reproche por estos doce meses sin grandes alegrías.

Banfield hubiera necesitado una mayor intervención de Battión, el volante con más criterio y mejor distribución, pero la pelota pasó excesivamente, y sin mayores frutos, por los pies de Erviti, Rodríguez y Quinteros. Sólo con algunos cabezazos y un tiro libre pudo Banfield inquietar a Boca, que se sintió cómodo y poco hizo en ataque. Así y todo encontró el segundo gol en un tiro libre que Paletta hizo llegar a los pies de Palermo. Falcioni había apostado por un tercer delantero, pero Banfield no conseguía poner las ideas en orden, condicionado por el oído que tenía puesto en Rosario. El partido estaba perdido, pero la emoción le empezó a subir como nunca antes en 113 años.

3 fueron los partidos en los que Banfield no convirtió goles en el torneo: ante Central (0-0), Colón (0-0) y Boca.

LAS CLAVES

Mantuvo la base

Falcioni le dio continuidad a la formación que se empezó a consolidar en el torneo anterior. Las novedades fueron los ingresos de Méndez en la defensa y de Quinteros entre los volantes.

Fuerte en las dos áreas

No fue el equipo con más goles a favor, pero sí tuvo al artillero del Apertura, Silva, con 14. Nadie mostró su solidez defensiva: sólo recibió 11 tantos. En 10 cotejos terminó con la valla invicta.

Le funcionó el recambio

En el triunfo ante Gimnasia se quedó rápidamente sin Méndez y Rodríguez, pero mantuvo el funcionamiento con los ingresos de Devaca y Battion, y luego ganó con un cabezazo de Silva.

García, ante Vélez

Goleó 3 a 0 al último campeón y competidor directo por el título, Vélez. Esa noche no estuvo Sebastián Fernández, pero Christian García, surgido en las inferiores, cumplió con dos tantos.

Se abrió paso entre todos

Aprovechó las pobres campañas de los cinco grandes y el desgaste que sufrieron en la Copa Sudamericana otros candidatos al título, como Vélez y Lanús. Estudiantes se enfocó en el Mundial de Clubes.

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