Marcelo Barovero: "Estos partidos se juegan más con la cabeza que con el corazón"

El capitán silencioso del equipo de Gallardo cree que en México puede darse un encuentro más abierto que en el desquite en Núñez
El capitán silencioso del equipo de Gallardo cree que en México puede darse un encuentro más abierto que en el desquite en Núñez
Alberto Cantore
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27 de julio de 2015  • 23:12

MONTERREY, México.- Es el capitán silencioso. De perfil bajo, prefiere que el reconocimiento se le brinde por lo que ejecuta en la cancha y no por sus declaraciones altisonantes. Y son sus manos y sus piernas, más que lengua, las que le posibilitaron a Marcelo Barovero conquistar a los hinchas de River . El encantamiento no es de ahora y tuvo un quiebre, con el penal que le atajó a Gigliotti, en el Monumental, por las semifinales de la Copa Sudamericana, el año pasado. No es raro que desde ese hecho, los simpatizantes se acerquen a pedirle una foto o un autógrafo. El acto que es común en los pasillos del gigante de Núñez se repitió ayer en esta ciudad, donde apenas un puñado de fanáticos esperaron, bajo un sol inclemente, el arribo de la delegación al hotel Quinta Real, en la exclusiva zona del Valle Oriente, un sitio donde los hoteles de lujo se levantan a uno y otro lado de la avenida Diego Rivera y donde es muy marcada la presencia de la cultura yanqui. Los malls y las tiendas de moda poseen la típica estructura del país vecino, al que el habitante común de Monterrey mira con deseo. No es una casualidad, la frontera con Texas está a apenas dos horas de auto y la tentación por el cambio está latente en aquellos que tienen poco y creen que del otro lado hay una vida mejor.

Es una ciudad de 8 millones de personas; la capital acerera de México, además de ser la tercera urbe en importancia, después del Distrito Federal y Guadalajara. El estadio "El Volcán", en el corazón del campus de la Universidad de Nueva León, sede del partido de mañana, con Tigres, no lanza lava, pero caminar por esta ciudad es como hacerlo sobre brasas. La denominada canícula, la época de mayor temperatura del año, recibió a River para disputar la primera final de la Copa Libertadores. La aridez del suelo puede observarse en los baldíos, esos sitios de pastizales amarillentos que le dan color al cerro de la Silla, la montaña más destacada que custodia al estado de Nueva León. Eso contrasta con el verde casi artificial de los barrios pudientes, donde el calor agobia, pero el aire acondicionado posibilita respirar con alivio. Barovero le resta trascendencia al cambio climático, a esa diferencia de casi 25 grados que existe entre Buenos Aires y Monterrey. Con el cansancio lógico que significa un viaje de más de 12 horas, incluida la escala en Cancún, no dudó en detenerse y dialogar con los medios en la explanada del hotel. "No creo que sean tan sofocante a la hora del partido. Son condimentos extras que se pueden sentir más porque venimos de otra temperatura, muy distinta, pero no creo que vaya a formar parte del trayecto del partido", comenta, apoyado en su valija, mientras el resto de sus compañeros busca con rapidez meterse en el lobby. "Estos partidos se juegan con la cabeza, más que con el corazón. Si se practica al revés puede ser perjudicial".

-¿Cómo se hace para que controlar la ansiedad en un momento tan importante para ustedes, para el club?

-En general, un club como River, en el último año, se acostumbró a jugar partidos decisivos, más allá de que esta es una final por la que todos vienen soñando hace casi 20 años. Hay que trabajar el partido, escuchar al cuerpo técnico, y llevar esa planificación a la cancha. En el primer partido puede haber una cierta liberación de los equipos, sabiendo que hay una segunda oportunidad por delante. Algún riesgo mayor se puede tomar.

-Sienten que por la historia River es el candidato, el equipo que lleva el mayor peso en la definición...

-Los dos equipos tenemos la misma necesidad y queremos ganar la Copa Libertadores. El entorno es el que se encarga de poner el favoritismo en uno u otro equipo. No es algo en lo que nos fijamos, son cosas que quedan al margen del juego. Lo importante es saber cómo se tiene que jugar esta clase de partidos, y en ese sentido los dos clubes demostramos que lo supimos hacer, superando contratiempos, para clasificarnos a una final. Llegar hasta acá no es para mucho, y mientras Tigres tiene una oportunidad importante, como es ganar por primera vez la Copa Libertadores y ser el primer club de México en levantarla, nosotros tenemos que entender que este partido tiene que servir para encaminar la serie, sabiendo que son 180 minutos.

-¿Son los dos mejores equipos que mostró la Copa Libertadores?

-Puede ser, los dos fuimos superando instancias muy complicadas. Quizás lo más raro es que los dos equipos que la vamos a disputar venimos del mismo grupo. Tenemos que estar a la altura y llevarnos un buen resultado.

-¿Influye para planificar un partido que ya se hayan enfrentado?

-Los estilos de juego no creo que se vayan a cambiar, cada equipo ya tiene una estrategia, una manera de jugar que es la que nos permitió llegar a la final. Los dos planteles sumaron jugadores, nosotros sentimos que los que llegaron se adaptaron a lo que venimos consiguiendo desde hace un año.

-¿Lo pudiste estudiar al francés Gignac, el goleador con el que se reforzó Tigres?

-No tuve la posibilidad de mirar el partido con Internacional, debido a un problema personal, pero tendré tiempo de estudiarlo de acá hasta el miércoles.

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