Boca alarma por sus penurias y debe oxigenarse lo antes posible

En Parque Patricios, sólo igualó 0-0 con Huracán, uno de los equipos más pobres del campeonato; récord de ineficacia de Palermo
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8 de diciembre de 2009  

De la Redacción de LA NACION.- Provoca mucha pena observar a Boca. "Hace doler los ojos", se lamentan los hinchas. Prácticamente, no combina tres pases consecutivos, no concreta nada interesante, no intenta... casi que se arrastra en el terreno. Los futbolistas no responden y no se preocupan por ocultar sus diferencias, y el conductor, Alfio Basile, luce resignado, sin fuerzas, abandonado. Boca está a sólo un partido de cerrar una temporada tristísima, que terminará sin títulos por primera vez desde 2002. No poder vulnerar a Huracán, uno de los equipos con mayores limitaciones del Apertura, al que le cuesta anotar goles (el último se lo marcó a Gimnasia, en la 14a fecha), es todo un ejemplo de lo que Boca es y de lo que deberá cambiar para recuperar el camino del éxito. Claro que no podrá reparar tan fácilmente lo que ya agrietó.

Sin orden ni conceptos

Desde que perdió a Juan Román Riquelme y a Sebastián Battaglia, ambos por lesiones, Boca nunca más logró gestar un circuito de juego auspicioso, digno. Conceptualmente, los xeneizes alarman. No muestran movimientos asociados y casi todo se vuelve anárquico. También hay hombres que están muy lejos del nivel que supieron exhibir en épocas no tan viejas; el Pocho Insúa es, quizás, el caso más significativo. Sin Román, el zurdo ex Independiente tomó la responsabilidad de crear, pero cada día es más errático. Para colmo, desde el banco de suplentes tampoco surgen soluciones ni creatividad.

Un artillero sin pólvora

Es cierto que quienes acompañan a Martín Palermo en el ataque ya no juegan para él, como sí lo hacían, en distintas épocas, Guillermo Barros Schelotto, en mayor medida, y Rodrigo Palacio. Por ejemplo, ayer le lanzaron cinco centros durante todo el partido al número 9, pero ninguno de ellos con puntería, y así fue como el arquero Gastón Monzón y el zaguero Paolo Goltz no tuvieron problemas. Pero más allá de la escasez de asistencias, el Titán no contribuye, ya que posee poca movilidad, no exhibe potencia en los últimos metros y prácticamente no participa de las acciones (ayer tocó la pelota solamente 12 veces en 90 minutos). Tiene nada más que cuatro goles en el Apertura y ayer batió su propio récord de ineficacia al sumar 741 minutos sin gritar. Su peor marca era de 682 minutos, entre octubre y noviembre de 2004. Es probable que Nicolás Gaitán, joven que juega a un ritmo mucho más acelerado que el suyo, continúe siendo su pareja ofensiva en 2010. Por eso, Palermo deberá dialogar mucho con Gaitán durante la pretemporada en Tandil; si no, seguirán siendo incompatibles.

La desidia no se oculta

Muchas veces, cuando quedan pocas fechas y un equipo ya no tiene nada por pelear, los futbolistas suelen decir que el solo hecho de "vestir la camiseta" les sirve de motivación. Bueno, en Boca, ese concepto muchos no lo comparten. Desde hace tiempo, hay futbolistas que irritan por su desgano y falta de compromiso para jugar. Hugo Ibarra, Claudio Morel Rodríguez, Guillermo Marino, Julio Cáceres –ayer fue suplente–, entre otros, consiguen que los hinchas se tomen el rostro y se exasperen.

El recambio es primordial

En muchas oportunidades, los mismos jugadores que tuvieron el ánimo por el sótano volvieron a observar la luz del sol. Sin embargo, en el mundillo xeneize coinciden en que es indispensable una oxigenación. Hay jugadores que todavía tienen contrato hasta junio próximo, pero algunos se irán antes del club de la Ribera. Por lo pronto, Basile y el manager, Carlos Bianchi, intentarán contratar a un central, un lateral, un volante y un delantero. Sin dudas, deberán utilizar el ingenio para que Boca abandone la oscuridad.

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