Boca: la goleada fue un mimo dentro del plan de seducción a Riquelme

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
Gustavo Alfaro, una de las tantas incógnitas en el futuro de Boca
Gustavo Alfaro, una de las tantas incógnitas en el futuro de Boca Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
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3 de noviembre de 2019  • 23:59

Gustavo Alfaro lamentó en la conferencia de prensa que la barrera se abriera y permitiera el descuento de Arsenal en un partido que Boca goleó 5-1, un resultado infrecuente en su gestión. Es la clase de entrenador que puede quedar más conforme con una victoria por 1-0 que con una goleada en la que se filtra algún desliz defensivo. En los 90 minutos de este domingo, Boca hizo más goles que en los seis partidos anteriores (4 tantos), incluidos los dos ante River por la Libertadores.

No son tiempos como para que Boca desprecie una goleada. No conviene olvidar que la insatisfacción de los hinchas por algunos de los últimos resultados vino acompañada por un estilo de juego austero y calculador, al límite de que daba la impresión de que estaba desaprovechando parte del potencial que tiene el plantel. Contra Arsenal, Boca se desmelenó, soltó amarras, se sacudió el almidón futbolístico y la tristeza de las últimas semanas. Por momentos se parecía al bicampeón del mellizo Barros Schelotto, un equipo que no le esquivaba al golpe por golpe, que disfrutaba de la adrenalina de las áreas. En cualquier caso, este triunfo distó mucho de aburrir hasta a las ovejas, como ocurrió con otras recientes.

Fue una mañana de recreo, prólogo de semanas que depararán varias mesas de exámenes finales. Seguramente, la más importante es la de las elecciones presidenciales. El oficialismo tiene un mejor balance en los libros contables que en los futbolísticos -con el rojo punzó de las cinco series ante River-, rubro que influye mucho en el humor del hincha, como se reflejó en la Bombonera.

Los insultos de los hinchas

Daniel Angelici se va, pero no se desliga de la suerte de su agrupación. A tanto llegan sus desvelos que hay febriles gestiones para que Juan Román Riquelme acompañe de alguna manera, en la fórmula o como un adjunto para un cargo en la dirección futbolística, al candidato presidencial Christian Gribaudo. También la oposición está en plan seducción del exnúmero 10. Las vueltas del destino: siendo tesorero de Boca, Angelici no le quiso renovar el contrato porque era muy caro. Si estuviera a su alcance, hoy le daría a Román el título de propiedad de la Bombonera con tal de tenerlo de su lado. Lo que hará Riquelme es inescrutable, como la mayoría de sus decisiones de jugador.

El futuro de Alfaro es una incógnita con cualquier resultado en las urnas. Un día parece dispuesto a irse sin que lo empuje nadie y al otro se involucra en el futuro de Boca. Desconcertante, tanto como su equipo, que pasó tardes y noches abrigado en su área y en una mañana de noviembre se dio un festivo paseo al sol.

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