Boca llega mejor: sabe que esta puede ser su hora

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
Alfaro, ante un reto enorme: llegar a la final de la Copa Libertadores
Alfaro, ante un reto enorme: llegar a la final de la Copa Libertadores Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
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31 de agosto de 2019  • 23:59

El superclásico está en un puño. Se repite casi hasta el hartazgo en los últimos tiempos. Boca y River se medirán en unas horas por la Superliga, en el Monumental. Pero ese mano a mano, siempre valedero, lejos está de lo que verdaderamente importa y de lo que ambos se empecinaron en hacerlo culto en los últimos años: los torneos internacionales. Pues bien, señores, la Copa Libertadores, acaso enamorada de millonarios y xeneizes, se empecina en plantear otro duelo decisivo, esta vez, por las semifinales.

Ambos están entre los cuatro mejores de América y, como si eso fuera poco, Boca es uno de los punteros de la Superliga. Sabe a qué juega y asume una idea pese al "qué dirán". La única mosca que revolotea por su cabeza es la de las lesiones. La de Mauro Zárate ya le había encendido una alarma y las de Ramón Ábila y de Eduardo Salvio, las de anteanoche, que apuntaron al entrenador Gustavo Alfaro por haber alineado al equipo titular en una serie que parecía liquidada tras el triunfo por 3-0 en el primer partido. Entre paréntesis, a estas alturas, le hace bien a Alfaro no ser del riñón y aferrarse a sus convicciones. Después de todo, él será, al final, el único responsable. Y, a lo sumo, detrás de él estarán el presidente Daniel Angelici y el manager Nicolás Burdisso.

Pero Boca solo debe fijarse en Boca. Esteban Andrada está cerca del récord del arco invicto de Antonio Roma. La defensa gana en firmeza partido tras partido. Y el medio campo sigue acomodándose mientras le hace lugar a Daniele De Rossi. Arriba aparecen los lamentos por los problemas físicos, pero entre Tevez, Villa, Hurtado y Soldano se puede formar un buen ataque.

Los argumentos son muchos y están a la vista. Eso sin contar que, en varios momentos del ciclo Alfaro, Boca supo mostrarse más eficiente y astuto como visitante que como local.

Boca llega mejor que el mismo Boca, aquel de fines de 2018. Más aplomado y con menos tensión interna que en el conjunto por entonces dirigido por las rabietas de Guillermo Barros Schelotto. Carlos Tevez, líder espíritual, por ejemplo, está dispuesto a no crear conflictos en pos del bien colectivo. Hay más. Los xeneizes, guste o no, sostienen una idea definida, ahora de la mano de Alfaro, que ya demostró que además de ser un buen orador también puede cargarse sobre sus hombros el peso de la dirección técnica de un club gigante. Boca tiene todo por ganar. El resto se sabe.

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