Brasil: se despertó el gigante

El conjunto verdeamarelo aprobó su primer gran examen de este Mundial: eliminó a Inglaterra al ganarle por 2 a 1, con goles de Rivaldo y Ronaldinho
Claudio Mauri
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22 de junio de 2002  

SHIZUOKA, Japón.– La audacia no abunda. El resultadismo es lo que impera y al respeto rival le respondió con dosis similares de cautela. Pero Brasil todavía conserva pequeños y determinantes reflejos que lo remiten a su esencia, esa que lo tiene como el mejor productor mundial de un fútbol rico en matices, inagotable en individualidades desequilibrantes y en vocación ganadora.

Por más que se haya incorporado a la modernidad de los equipos luchadores, de esos que piensan que lo principal es no regalar nada, Brasil sigue obsequiando algunos gestos técnicos deliciosos, arranques demoledores de sus estrellas y una querencia por la pelota que, si bien no es la de sus tiempos más gloriosos, lo pone por encima del promedio de los seleccionados de este Mundial. Arriba de esta Inglaterra que empezó siendo ordenada y calculadora, pero con la eliminación cerró una imagen demasiado aséptica e insulsa. El 2 a 1 que le infligió Brasil fue un golpe certero.

Así, poniéndose a la altura de lo que establece su incomparable palmarés, Brasil ya está otra vez dentro de los cuatro mejores, y con una proyección auspiciosa para lo que le queda por delante en forma inmediata (Senegal o Turquía).

Su grandeza también se advierte en esa capacidad para resolver situaciones complicadas en forma diligente y contundente. No era poco revertir una desventaja ante el rival que tenía la mejor defensa del torneo, que hacía más de tres partidos que no recibía goles y que venía crecido desde que le ganó en aquella final anticipada a la Argentina.

En el primer tiempo, Brasil chocó en varios momentos y no siempre tuvo paciencia para elegir los mejores caminos, pero todos esos defectos quedan relativizados cuando se cuenta con estupendos jugadores que se conectan por unos instantes. Ronaldinho rompió el cerrojo británico apelando a su instinto, ese que le indica gambetear hacia adelante, amagar hacia un lado y salir por el otro. Aplicó todo en una escapada y volvió a ser generoso para habilitar a Rivaldo, que de primera definió con un zurdazo cruzado y letal, bien de su sello. Era el 1 a 1 en tiempo de descuento de la etapa inicial.

Resultó un alivio y una inyección anímica que Brasil explotó en el arranque del segundo período, con un tiro libre sesgado de Ronaldinho, que debía ser centro, pero que por esas cualidades volátiles que tiene la pelota Fevernova, se coló en un ángulo del sorprendido Seaman.

Pero pareció que este partido tenso y disputado con desconfianza por los dos no quería a figuras de alto relieve; entre la imprudencia de Ronaldinho de ir con la pierna levantada y a destiempo ante Mills, y la exageración del árbitro mexicano Ramos Rizo de castigar con una expulsión una acción que pudo ser una amonestación, el encuentro se quedó sin la figura.

En el primer tiempo, Inglaterra se encaminaba a un negocio de su gusto; como fue su tónica en el Mundial, salió a esperar y a estar atento con el descuido rival. Una increíble equivocación de Lucio le permitió a Owen resolver como lo que es: un rayo certero en el área. Las soluciones de Brasil corrieron por cuenta de Ronaldinho. A Inglaterra, que tenía un hombre más, le faltó rabia y decisión para buscar el empate. Tenía enfrente el tipo de cotejo que más le incomodaba: salir a atacar, para lo cual el pragmático Eriksson demoró los cambios.

Brasil se replegó, no pasó grandes sufrimientos y hasta se permitió mover la pelota lejos de su arco. Era su primer examen de gran riesgo en el Mundial y lo superó con capacidad de reacción y ese apego oportuno a lo mejor de sus raíces para ser un poco más dentro de la generalidad del fútbol actual.

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