Cambiar para que nada cambie: el momento crítico de Independiente tras salir de la Copa Sudamericana

La salida del Rojo; en Quito, el equipo de Beccacece se despidió de la Copa Sudamericana
La salida del Rojo; en Quito, el equipo de Beccacece se despidió de la Copa Sudamericana Fuente: AP
Rodolfo Chisleanschi
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14 de agosto de 2019  • 23:59

Cambió el director técnico, aparecieron algunas caras nuevas en el plantel, se modificó la línea de juego, se afirma que mejoró el ánimo general del grupo. Pero en el fondo, todo continúa más o menos igual que en el último año y medio en el universo Independiente: en instancias decisivas que implican el ser o no ser, el equipo flaquea, falla en los detalles, acumula contrariedades y termina tropezando, enredado en esa medianía de la que no logra escapar.

El ciclo Beccacece, que se había iniciado con una angustiosa clasificación a cuartos de final de la Copa Sudamericana ante Universidad Católica de Ecuador, sumó su primera mancha apenas un par de semanas después en el mismo escenario del estadio Atahualpa. Independiente del Valle completó su particular trilogía ante los clubes más laureados de la Argentina -ya había eliminado a Boca y River en las Libertadores 2016 y 2018- cumpliendo a rajatabla lo que indican los libros: marcar un gol de visitante y esperar que la altitud de Quito haga sentir sus efectos en el rival para asestar el golpe del nocaut.

"Nos duele porque teníamos mucha ilusión", deslizó el capitán Martín Campaña durante la conferencia de prensa postpartido. Son exactamente las mismas palabras que utilizó luego de la caída ante Argentinos Juniors en primera ronda de la Copa de la Superliga en abril pasado. Y muy semejantes a las pronunciadas en ocasiones anteriores.

La ilusión es un material etéreo que, se supone, comparten todos los deportistas antes de afrontar un reto, pero que precisa de otros condimentos para alcanzar los objetivos propuestos, y desde el Maracanazo de diciembre de 2017 Independiente no los encuentra. Esa es la cuestión de fondo.

Cada cachetazo recibido a partir de entonces ha sido explicado con una amplia gama de excusas y coartadas, algunas más razonables que otras, para disminuir la decepción. En este caso tampoco hubo excepciones.

La dirigencia alienta la idea de una persecución política que origina un maltrato de la Conmebol, expresado en discutibles y generalmente perjudiciales aplicaciones del VAR, o en el manejo arbitrario de las fechas. Esto ocurrió en la serie perdida el martes, que iba a disputarse dentro de dos semanas y fue adelantada de manera inesperada, impidiendo entre otras cosas la inscripción de Lucas Romero, el último fichaje del presente mercado.

Sebastián Beccacece señaló la "falta de contundencia" como elemento determinante de la derrota. Algunos culparon a la mala suerte, al recordar la grave lesión sufrida en el partido de ida por Pablo Hernández, el futbolista de rendimiento más alto en los pocos encuentros jugados en el semestre. Y otros, a la crueldad de un fixture que además de llevar al Rojo a jugar por encima de los 2.000 metros de altitud todas las series de esta Sudamericana, obligó a viajar dos veces a Quito en quince días en los primeros compases de la temporada.

Varios de estos datos son indiscutibles, pero es la sucesión en el tiempo de hechos que se parecen entre sí lo que debería obligar al Rey de Copas a aumentar la severidad de la autocrítica y buscar causas diferentes.

Es cierto, como sostiene el entrenador rosarino, que Independiente dominó durante la media hora inicial el choque en el Atahualpa, y en ese caso puede hablarse de un planteo acertado. Pero la falta de definición es un mal endémico del equipo, y fue el propio Beccacece quien eligió afrontar la revancha con Silvio Romero y Cristian Chávez en el banco de suplentes. Del mismo modo que se repiten errores puntuales en los partidos claves, como el cometido por Martín Benítez que costó el gol en contra en Avellaneda.

Por otro lado, también es verdad que la Conmebol alteró todos los planes con el cambio de fechas, pero eso no justifica ciertos fallos de organización, como la lentitud para definir las incorporaciones y de esa manera poder contar con ellas a tiempo.

El futuro a corto plazo queda ahora restringido al escenario local, ese en el que Independiente lleva 17 años sin brillar. Si una de las metas propuestas era volver a luchar por los títulos de entrecasa, el semestre le presenta una oportunidad inmejorable al Rojo. También servirá para exponer más que nunca la auténtica categoría del plantel y, por supuesto, el trabajo del técnico.

Tanto en la Superliga como en la Copa Argentina, única opción restante para ganarse una plaza en la Libertadores 2020 (juega 16avos de final contra Patronato el miércoles 28 en San Luis), Beccacece puede contar con todos los refuerzos, Domingo Blanco y Alexander Barboza incluidos. Además, la falta de actividad internacional le brindará al entrenador rosarino varias semanas extras de trabajo para ir aceitando el funcionamiento del equipo.

La Sudamericana 2019 ya es agua pasada para Independiente. El nuevo desafío es sacudir el tablero y romper el sino del pasado más reciente. En otras palabras, ejecutar de una vez esos cambios de fondo que logren desterrar el gatopardismo en el que el Rey de Copas parece instalado desde el día después del Maracanazo.

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