Campeones: broche de oro para los pibes

La Argentina, que ya estaba clasificada para el Mundial, igualó 1 a 1 con Brasil y obtuvo el título que en los últimos años le era esquivo; se consagró invicta; Colzera marcó el gol
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19 de mayo de 2003  

SANTA CRUZ DE LA SIERRA, Bolivia (Especial).- Si alguna deuda se le podía señalar al estupendo progreso de las categorías juveniles en la última década, estaba en la imposibilidad de coronarse en la categoría Sub 17 en el nivel sudamericano. Desde anoche, ya no existe tal lunar. El trabajo serio, responsable y altamente productivo que comenzó Pekerman y continuó Hugo Tocalli también se consagró en el Sub 17. Ya estaba asegurada la clasificación para el Mundial y el premio extra llegó con el empate 1 a 1 ante Brasil que le permitió conservar el primer puesto.

Era una injusticia que la Argentina se fuera al descanso del primer tiempo sin reflejar en el marcador su superioridad sobre Brasil. Pero la recompensa llegó en la última jugada de ese período, con una contraataque bien dirigido por Rodas, con aceleración, gambeta y freno para habilitar la entrada de Colzera, que definió con un derechazo alto y furioso. Así, el delantero de Boca se redimía de un rendimiento bastante disperso, en el que desperdició increíblemente una situación de gol debajo del arco, recibió una amonestación por golpear al arquero y simuló una infracción cuando estaba por ingresar en el área.

El partido, pese a ser el último del torneo y tener enfrentadas a las dos potencias continentales, no arrancó con clima de definición. Había poca tensión competitiva, quizá como consecuencia directa de que el empate satisfacía los objetivos de los dos. Dentro de un tono parejo, fue la Argentina la que rompió el pacto de no agresión. Lo hizo con virtudes ya vistas: una solvencia colectiva expresada en la firmeza de la defensa que dirige el central Garay, el criterio en el medio que tiene a Biglia como eje, el ida y vuelta por los costados, la habilidad de Rodas para moverse con libertad y la profundidad ofensiva de Lagos y Colzera. En resumen, un equipo con todas las letras.

Brasil era un conjunto bastante gris, técnicamente inferior a la Argentina, lo cual no es un dato menor al tratarse del mayor productor sudamericano de jugadores de buen control de la pelota. El equipo de Tocalli lo anulaba con una marcación estricta y luego lo desbordaba con un funcionamiento más consistente y una fluida circulación de la pelota.

Brasil se sacudió la modorra desde el arranque del segundo tiempo. Tuvo más movilidad, puso más jugadores en ataque y obligó a retroceder a la Argentina. El arquero Ustari tuvo más intervenciones y las situaciones de riesgo sobrevolaron su área. Salvo en un cabezazo en un poste y la posterior tapada del arquero brasileño, a la Argentina le quedó lejos el arco adversario. Respondió al empuje brasileño con la peligrosa tendencia a refugiarse cerca de su área. Tocalli reforzó la postura conservadora con el ingreso del volante defensivo Cahais por el enganche Rodas, pero igual llegó el empate. La Argentina ya no era el mismo equipo del primer tiempo. Había dejado de jugar para pasar a aguantar, mientras Brasil buscaba el triunfo con la determinación que nunca antes había tenido. La Argentina resistió; era el turno de demostrar que el campeón también tenía garra.

Otra eliminación charrúa

Pese a vencer a Colombia por 3 a 1, Uruguay finalizó cuarto y quedó al margen del Mundial Sub 17. El seleccionado charrúa venía de la frustración del Sub 20, que en enero último no se clasificó para el Mundial en el Sudamericano disputado en su país. Ambos equipos los dirigió Jorge Da Silva.

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