Chacarita, por demolición

Se agrandó en La Plata y venció a Estudiantes por 3 a 0; Müller anotó todos los goles
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30 de agosto de 2001  

LA PLATA.- Chacarita fue práctico y ordenado. De a poco, sin apuro, preparó el terreno, controló al rival y después lo apabulló sin piedad. Pudo ganar por una diferencia más holgada, aunque sólo logró un 3 a 0. Estudiantes no opuso resistencia; ni siquiera esbozó una tibia reacción. Se mostró impotente, desconcertado y sin resistencia anímica.

La tarea fue gradual. Chacarita arrancó con una defensa firme, muy expeditiva, aportando las proyecciones potentes y claras de Marra y Pérez. Después pasó a controlar la zona central con un prolijo anticipo, buen manejo de pelota y acertada rotación. El fútbol agresivo y contundente asomó con el traslado inteligente y rápido de Rivero, el armado ofensivo y claro de Quinteros, eje central de cada ataque, y la eficacia y encomiable definición de Müller, que terminó por demoler al adversario.

Estudiantes nunca pudo salir de su agobio. Apabullado, deambuló sin horizonte y sin saber cómo frenar tanta superioridad. Y todo se derrumbó al salir a jugar con una línea de tres en el fondo, con jugadores de magnitud física, rudos, pero con dificultades para girar y moverse con cierta elasticidad. Le faltaron también relevos, porque Zapata encimó al intrascendente Mas, el único punto endeble del equipo, y dejó en claro qué bien supo aprovechar Quinteros para empezar gradualmente la tarea de desgaste.

Encima en desventaja, Cascini, por su propia impotencia, abusó del golpe y dejó a su equipo con 10 jugadores.

Chacarita se agrandó. Müller no se apiadó y castigó duro con tres goles de gran nivel. No sólo por la definición, realmente impecable, sino también por la elaboración de cada jugada. Estudiantes sintió profundamente cada estocada. No tenía respuesta. Enloquecido, confundido y abúlico sufrió una baja más cuando Quatrocchi, alterado por la impotencia individual y colectiva, se fue expulsado al aplicarle un golpe artero a Quinteros. De ahí en más, Chacarita brilló con su juego. Tocó y tocó sin importarle aumentar la diferencia.

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