Chelsea, una batalla para Mou

Andrés Prestileo
(0)
21 de mayo de 2012  

Conocer un poco a José Mourinho nos permite adivinar que todavía tiene atravesada en el estómago la frustración de Real Madrid en la Champions League. Sabemos que, antes que nada, el extravagante portugués llegó a la Casa Blanca para alimentar su leyenda de conductor infalible, y ese objetivo no reconoce otra necesidad específica que repetir lo que ya consiguió con Porto y con Internazionale. Lo impulsa una ambición napoleónica, la apetencia de sembrar por Europa testimonios perpetuos de su capacidad para ganar. Aunque esta vez no lo consiguió, tal vez se sienta un poco reivindicado por el desenlace del torneo. En algunos sentidos, la consagración de Chelsea es un triunfo vicario de Mou, un efecto residual de su aporte.

Si buena parte del mundo del fútbol, probablemente la mayoría, sufrió cuando los ingleses frustraron a Barcelona, otro tanto habrá pensado que el resultado de anteayer no fue lo adecuado para fomentar lo mejor de este juego: "ganó el antifútbol". Bayern Munich no será un ejemplo inmaculado del juego artístico, pero lo parece si se compara su propuesta con la de Chelsea en las series decisivas. Más allá de la identificación personal de Mourinho con la camiseta azul, en el éxito de esta forma materialista de concebir el juego hay también un triunfo de su legado. No fue pura casualidad que Didier Drogba, el gran héroe –que estuvo cerca también de ser el infame de turno por el penal que cometió y que desperdició Robben–, lo haya señalado especialmente entre sus dedicatorias por el título.

Que Chelsea haya plantado en el mundo del fútbol una bandera familiar a Mou sirve para nutrir la polémica más atrapante del juego. En España, su actual teatro de operaciones, la permanencia del portugués garantiza que continuará la batalla filosófica porque en imponer su mensaje se justifica y realiza como entrenador. Será así, más allá de que se haya apagado la apasionante puja con su contracara, Pep Guardiola. Para este villano carismático que es el entrenador merengue siempre habrá un antagonismo que encaje bien.

El contraste de ideas seguirá expresándose de otras maneras. Mientras Real Madrid parece hoy un instrumento para agigantar la leyenda de Mourinho –un instrumento agradecido si el éxito le sonríe, más allá de la incomodidad con un estilo que no representa a su historia–, Barcelona seguirá cultivando una filosofía mucho más edificante porque desarrolla una idea antes que perseguir un simple objetivo. El descanso de hoy, para Mourinho, es menos descanso que una oportunidad para gestionar la próxima plataforma con la que perseguir sus próximas metas personales. El de Barcelona es simplemente un descanso, porque no tiene mucho que cambiar. Mientras, epopeyas como la de Chelsea, tan indiscutible y legítima como poco apasionante, estarán ahí para incentivar el debate.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.