Choca la historia

Mañana, a las 8, Brasil y Alemania jugarán por primera vez en un Mundial, y será para quedarse con la Copa; frente a frente estarán el ataque más efectivo y la defensa más sólida; Ronaldo va por el desquite de Francia 98
Claudio Mauri
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29 de junio de 2002  • 09:20

YOKOHAMA, Japón.– Si habrá sido extraño y sembrado de contradicciones este Mundial, que en la final se enfrentan los dos seleccionados que más experiencia y antecedentes tienen en este tipo de definiciones, pero que sin embargo, en los días previos al comienzo de este campeonato, no figuraban al tope de la grilla de candidatos.

Brasil tiene en su haber cuatro títulos y dos cotejos decisivos perdidos; la cuenta de Alemania es tres y tres. Desde 1950 hacia delante, salvo en la Argentina 1978, uno de los dos llegó al último día de la competencia. Nadie en el planeta les iguala ese desarrollado sentido para ser finalistas y triunfadores. Como tampoco ningún otro les discute el primero y el segundo lugar (Brasil, Alemania) en la tabla histórica de los 17 mundiales.

Pero como el fútbol tiene sus caprichos, estos dos gigantes tuvieron que esperar hasta el siglo XXI para verse las caras bajo la gran carpa de un Mundial. Desde las 8 de mañana, de la Argentina, el Yokohama International Stadium, que tiene capacidad para 72.370 personas, la jerarquía futbolística reforzará honores hacia uno u otro lado: Brasil tendrá la gloria única del pentacampeonato o Alemania lo alcanzará en el reinado del tetra.

Ambos invictos en seis partidos –el conjunto de Völler aunque resignó un par de puntos con el empate ante Irlanda en la etapa clasificatoria–, el choque también dirimirá dos maneras de entender y llevar a la práctica el fútbol. Brasil tiene a los mejores jugadores (Cafú, Roberto Carlos, Rivaldo, Ronaldinho –reaparecerá tras la suspensión para volver a armar un ataque muy picante– y Ronaldo), gracias a los cuales nos recordó en algunos pasajes del torneo que este juego todavía puede tener belleza, alegría, plasticidad y atrevimiento, capital escaso en un certamen generalmente chato y gris. Igual no hay que confundirse ni inventar lo que no existe.

Este Brasil, cuyo DT Luiz Felipe Scolari baja un mensaje aguerrido, está más cerca del homogéneo y realista campeón que Jorginho, Mauro Silva, Zinho, Romario y Bebeto lideraron en Estados Unidos ‘94, que del triunfador que en México ‘70 elevó al fútbol a una expresión artística jamás vista a través de Clodoaldo, Gerson, Tostao, Pelé, Jairzinho y Rivelino. Este Brasil mantiene activos resortes de su historia futbolera.

Lo de Alemania es distinto, más tosco y rudimentario desde el punto de vista del juego. Lo suyo es una mentalidad de hierro, pelotazos para la carga aérea y una energía descomunal para el cuerpo a cuerpo. Un conjunto mucho más plano que otros que también treparon alto, de la mano de la calidad y la clase de Beckenbauer, Overath, Rummenigge y Matthaus. ¿Jugadores? Ah sí, el formidable arquero Oliver Kahn, que le está haciendo honor a su apelativo de Tigre y atrapa todas las pelotas. Recibió un solo gol en el Mundial y ahora pondrá el cuerpo y su agilidad frente al equipo más efectivo, autor de 16 tantos. Para perjuicio del espectáculo y del conjunto de Völler, no estará Ballack (suspendido), el mediocampista que con sus dos goles selló la clasificación en octavos y cuartos de final, pero que además posee lo que le falta al resto de sus compañeros: buen toque de la pelota, gambeta y elegancia. Su puesto lo ocupará Schneider, un volante con iniciativa y poco panorama.

Otra cuestión que podría decidirse es la del goleador. Ronaldo (que va por el desquite tras el malestar que le impidió jugar en plenitud la final de Francia 98) tiene seis tantos (tope que se mantiene desde el Mundial ‘78); Rivaldo y Klose, cinco, pero el alemán, que hizo todos de cabeza, entró en sequía en la etapa decisiva. Tras el nombre nuevo de Francia en 1998, el Mundial volverá a tener por campeón a un viejo conocido. Sólo resta por saber si será alumbrado por las musas inspiradoras o por el empuje de la mecánica.

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