Choque de titanes

Hoy, a las 8, Brasil y Alemania dirimirán el Mundial, una final que seguirán 1500 millones de personas por TV; en el partido se verán las caras el ataque más efectivo y la defensa más sólida
Claudio Mauri
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30 de junio de 2002  

YOKOHAMA, Japón.- Si habrá sido extraño y sembrado de contradicciones este Mundial, que en la final se enfrentan los dos seleccionados que más experiencia y antecedentes tienen en este tipo de definiciones, pero que, sin embargo, en los días previos al comienzo de este campeonato no figuraban al tope de la grilla de candidatos.

Brasil tiene en su haber cuatro títulos y dos cotejos decisivos perdidos; la cuenta de Alemania es tres y tres. Desde 1950 hacia delante, salvo en la Argentina 1978, uno de los dos llegó al último día de la competencia. Nadie en el planeta les iguala ese desarrollado sentido para ser finalistas y triunfadores. Como tampoco ningún otro les discute el primero y el segundo lugar (Brasil, Alemania) en la tabla histórica de los 17 mundiales.

Pero como el fútbol tiene sus caprichos, estos dos gigantes tuvieron que esperar hasta el siglo XXI para verse las caras en un Mundial. Hoy, desde las 8 (hora de la Argentina), en el Yokohama International Stadium, que tiene capacidad para 72.370 personas, la jerarquía futbolística reforzará honores hacia uno u otro lado: Brasil tendrá la gloria única del pentacampeonato o Alemania lo alcanzará en el reinado del tetra. Aventuran que será la final más vista: según estimaciones, será seguida por una teleaudencia de 1500 millones de personas, algo así con un cuarto de la población del planeta .

Ambos invictos en seis partidos -el conjunto de Völler aunque resignó un par de puntos con el empate ante Irlanda en la etapa clasificatoria-, el choque también dirimirá dos maneras de entender y llevar a la práctica el fútbol. Brasil tiene a los mejores jugadores (Cafú, Roberto Carlos, Rivaldo, Ronaldinho -reaparecerá tras la suspensión para volver a armar un ataque muy picante- y Ronaldo), gracias a los cuales nos recordó en algunos pasajes que este juego todavía puede tener plasticidad y atrevimiento, capital escaso en un certamen chato y gris. Igual no hay que confundirse ni inventar lo que no existe.

Este Brasil, cuyo DT Scolari baja un mensaje aguerrido, está más cerca del homogéneo y realista campeón que Jorginho, Mauro Silva, Zinho, Romario y Bebeto lideraron en Estados Unidos 94, que del triunfador que en México 70 elevó al fútbol a una expresión artística jamás vista a través de Clodoaldo, Gerson, Tostao, Pelé, Jairzinho y Rivelino.

Lo de Alemania es distinto, más tosco y rudimentario. Lo suyo es una mentalidad de hierro, pelotazos para la carga aérea y una energía descomunal para el cuerpo a cuerpo. Un conjunto mucho más plano que otros que también treparon alto, de la mano de la calidad y la clase de Beckenbauer, Overath, Rummenigge y Matthaus. ¿Jugadores? Ah sí, el formidable arquero Oliver Kahn, que le está haciendo honor a su apelativo de Tigre y atrapa todas. Recibió un solo gol en el Mundial y ahora pondrá el cuerpo y su agilidad frente al equipo más efectivo, autor de 16 tantos. Para perjuicio del espectáculo y del conjunto de Völler, no estará Ballack (suspendido), el mediocampista que con sus dos goles selló la clasificación en octavos y cuartos de final, pero que además posee lo que le falta al resto de sus compañeros: buen toque de la pelota, gambeta y elegancia. Su puesto lo ocupará Schneider, un volante con iniciativa y poco panorama.

Otra cuestión que podría decidirse es la del goleador. Ronaldo (que va por el desquite tras el malestar que le impidió jugar en plenitud la final de Francia 98) tiene seis tantos (tope que se mantiene desde el Mundial 78); Rivaldo y Klose, cinco, pero el alemán, que hizo todos de cabeza, entró en sequía en la etapa decisiva. Tras el nombre nuevo de Francia en 1998, el Mundial volverá a tener por campeón a un viejo conocido. Sólo resta por saber si será alumbrado por las musas inspiradoras o por el empuje de la mecánica.

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