Como nunca antes, la selección se siente visitante en la Copa del Mundo

Fuente: Telam
El seleccionado ya está en San Pablo y sabe que mañana habrá un clima hostil en el estadio; se espera, de todos modos, el arribo de alrededor de 60.000 hinchas argentinos
Nicolás Balinotti
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30 de junio de 2014  • 07:39

SAN PABLO.- Como nunca antes desde que comenzó el Mundial , el seleccionado argentino se sentirá visitante. Llegó anoche a esta ciudad y se encontrará mañana por primera vez con un escenario hostil y con la sensación de que eso de sentirse en casa es ahora un espejismo de nostalgia.

A diferencia de las otras sedes que visitó el público argentino, esta es una gran garganta urbana que parece devorárselo todo. Ningún punto de encuentro queda a tiro de piedra y las distancias que aparentan ser cortas pueden tornarse un verdadero calvario. Es así, incluso, durante los fines de semana. De todos modos, se espera para hoy y mañana el desembarco de "unos 60.000 a 70.000" hinchas albicelestes, según informó el cónsul de nuestro país en esta ciudad, Agustín Molina Arambarri. Para las fuerzas de seguridad, la cifra que estimó el diplomático "son algo exageradas", según confiaron a LA NACION.

Sin embargo, la estadística que más alertó a la policía fue la que entregó anteayer la Prefectura de San Pablo: de las 65.807 butacas disponibles, apenas 7500 fueron adquiridas por argentinos a través del sitio oficial de la FIFA. Casi un 12 por ciento.

Con certeza, habrá muchos miles más de 7500 hinchas argentinos en el Itaquerao. Quienes no figuran en los registros de la Prefectura y de la FIFA son los muchísimos que están desperdigados por Río de Janeiro, Belo Horizonte o aquellos que aún permanecen en Buenos Aires. Todos ellos viajarán con o sin entrada, y con un solo propósito: ingresar al estadio mediante la reventa, un lucrativo mercado negro que está tan instaurado que hasta ya parece lícito y normal.

Ayer, según constató la agencia Télam, los argentinos están pagando hasta 1500 dólares por un ticket. "Compramos cinco entradas en una de las primeras filas. No fue difícil conseguirlas, pero pedían una fortuna. Arrancaron por 3000 dólares, la bajaron a 2000 y cerramos con cinco por 6000", contó Ignacio Giménez, un santafesino que llegó hasta aquí junto con dos hermanos y dos amigos.

El merodeo de camisetas celestes y blancas es cada vez más incesante. Sobre todo en la zonas de Villa Madalena, el barrio más cosmopolita, en la de Vale do Anhangabaú, donde se montó estratégicamente el Fan Fest, y en Jardim Paulista, un suburbio conocido para aquellos que alguna vez visitaron el estadio municipal Pacaembú. Pero el movimiento también es intenso por los alrededores del Gimnasio do Ibirapuera, donde se encuentra el Centro de Gestión de Entradas de la FIFA. Allí se concentra la ilusión por conseguir un boleto en la reventa.

La policía local tomará como hoja de ruta los exitosos antecedentes de los operativos de seguridad activados en los estadios Mineirao (Belo Horizonte) y Beiro-Mar (Porto Alegre). Se montará un cerrojo con vallas a tres kilómetros a la redonda del Itaquerao y habrá más de dos filtros para exhibir la entrada. Dos de los controles se ubicarán en las salidas de las estaciones de subte Corinthians Itaquera y Arthur Alvin, ya que la mayoría de los espectadores se movilizarán en ese medio de transporte.

Las autoridades instaron a no ir al estadio sin entradas y advirtieron que en los alrededores del estadio no habrá comercios abiertos ni bares en los que se pueda seguir el partido por televisión. Apuestan a evitar así posibles desbordes, como los hubo en Río, en el debut en el Maracaná.

Como alternativa para contener a los miles de argentinos que se quedarán sin ticket ni alojamiento, la alcaldía de San Pablo ofreció el Sambódromo y el autódromo de Interlagos para montar pantallas gigantes y permitir la instalación de carpas y casas rodantes por sólo 48 horas. De concretarse, ese pedazo de ciudad será colonizado por el celeste y el blanco.

Y si de colores se trata, algunos medios brasileños, sobre todos los que tienen influencia en el público paulista, están llamando a asistir al estadio Itaquerao vestidos con la clásica canarinha o verdeamarelha para hacerles sentir a los argentinos la presión de ser visitantes. La exhortación, si bien se hizo sin ánimos de confrontación, podría avivar la ya muy tensa relación que existe entre los hinchas argentinos y brasileños en cada presentación del equipo de Sabella.

7500 argentinos son los que compraron entradas mediante la FIFA para el partido de mañana. El estadio tiene capacidad para 65.807 espectadores.

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