Con el penta en la cabeza

Brasil sorprendió con declaraciones diplomáticas sobre Turquía; sin embargo, los jugadores sienten que la semifinal es un tramite; el único temor es el exceso de confianza
Cristian Grosso
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23 de junio de 2002  • 11:27

SAITAMA, Japón.– “¿Así que el Grupo de la Muerte era el F? Pero, ¿no veo a ninguno de esos equipos en las semifinales? No voy a negar que ésa era una zona muy complicada, pero la clasificación de Turquía demuestra que la nuestra no era tan sencilla como todos decían. Lo indica la realidad: entre los cuatro mejores del torneo hay dos selecciones que vienen del Grupo C. Es un dato que no se puede relativizar. A mí no me sorprende que Turquía esté en las semifinales de la Copa”, advirtió Luiz Felipe Scolari. Además de querer jerarquizar al oponente del próximo miércoles, Felipão no perdió la oportunidad de mandar algún mensaje para quien quiera recogerlo. Por si hace falta recordarlo, el cabeza de serie del Grupo F fue la Argentina.

Brasil no perdió la confianza porque ahora Turquía vuelva a cruzarse en su camino. Se siente finalista desde que eliminó a Inglaterra, sólo que hoy maquilló ese sentimiento con palabras políticamente correctas. “Será un adversario complicado y peleador. El tiempo pasó y con los partidos se fueron agrandando. ¿Si me van a buscar especialmente a mí porque contra ellos simulé una falta? No creo, yo no lo haría si estuviese en su lugar. Cada partido es una historia diferente”, respondió Rivaldo. Y Cafú agregó: “No nos debemos olvidar de algo: cuando se los ve por televisión dan la impresión de estar desesperados por entrar en la historia de los mundiales. En cada Copa hubo un fenómeno, y en ésta me parece que es Turquía; incluso, por delante de Corea”. La preocupación brasileña transita por otros carriles. Bien lejos del fervor de los muchachos de Hakan Sukur.

Pero no le teme a Turquía. Es más: lo prefería como rival antes que a Senegal. ¿Por qué? Al conjunto que dirige Senol Günes lo consideran aplicado y voluntarioso, pero previsible. En cambio, los africanos representaban un riesgo muchas veces indescifrable. Sin olvidar que el Continente Negro ya le había pegado dos cachetazos al fútbol brasileño: en 1996, Nigeria le ganó en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Atlanta, y cuatro años más tarde, en Sydney, Camerún también los sacó de los Juegos en los cuartos de final. De todos modos, fuese uno u otro el adversario, el juego decisivo lo vislumbraron tras dejar atrás a Beckham y compañía. Ahí está, esclavo de sus palabras, Roberto Carlos, por ejemplo: “Si pasamos a Inglaterra, en un 99,9% jugamos la final”. Como si Turquía solamente fuese una escala hacia la definición con Alemania, el rival con el que sueñan dirimir la Copa. ¿Suena pedante? Ellos no se lo plantean.

¿Qué dijo ahora Roberto Carlos? “Turquía está sólido y ha ido en alza. Tendremos que jugarle con inteligencia y no desesperarnos. ¿Si le temo al arbitraje? No, para nada, si la FIFA escogió a estos jueces es porque son los mejores; no veo nada raro... y espero que tampoco haya que ver nada raro ahora”, deslizó con una sonrisa irónica. “Turquía ha evolucionado mucho desde aquel primer partido que jugamos. Creció durante la competencia, no será el mismo. Va a ser un partido complicado”, completó Juninho, el principal candidato para reemplazar a Ronaldinho.

Sospechan que se tratará de un cotejo complicado. Duro, muy áspero. Creen que Turquía querrá vengar la derrota sufrida por 2 a 1 el 3 del actual, en Ulsan, en el debut del Mundial. A Brasil le costó mucho superar a los turcos. Después de terminar la primera etapa en desventaja por un gol de Hasan Sas, Ronaldo igualó en el comienzo de la etapa final. Y cuando el partido se esfumaba en un empate, el árbitro coreano Young-joo Kim cobró penal por una falta de Alpay Ozalan sobre Luizão que fue fuera del área. Minuto 87, gol de Rivaldo. Injusticia. Brasil derrotó a los turcos con la colaboración del juez y, además, el contrincante terminó con dos jugadores expulsados. Un murmullo en el aire.

Está claro que no los inquieta Turquía. En cambio, sí están preocupados por su propio potencial. Las únicas dudas parten desde adentro. La Bomba R que integran Ronaldinho, Ronaldo y Rivaldo perderá a uno de sus componentes por la expulsión que sufrió ante Inglaterra el delantero de Paris Saint Germain. Y los enigmas sobre el real estado de Ronaldo hacen temer que el tridente termine por desactivarse. ¿Qué pasaría con el ataque brasileño si falta uno –eso es seguro– o dos de los hombres que hasta aquí anotaron 12 de los 15 tantos del tetracampeón en su camino mundialista?

Y para develar el otro acertijo verdeamarillo hay que bucear en la intimidad del plantel. Ronaldo y Rivaldo no se odian, claro, pero tampoco son amigos. Hicieron un pacto de camaradería y públicamente uno habla maravillas del otro. Pero a los dos los anima un feroz sentimiento de figuración. Como ambos tienen cinco goles y están igualados con el alemán Miroslav Klose en la cima de los capocanonnieri, la prensa brasileña teme que jueguen un partido aparte para intentar asegurarse el Botín de Oro y se olviden de la causa colectiva. Que los nuble el egoísmo. Que los traicione la avaricia.

El rival no es Turquía. Son ellos mismos.

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